El auge del turismo en el Mediterráneo ha llevado al Ministerio del Interior italiano a establecer nuevas restricciones para controlar el flujo de visitantes. Desde 2024, la emblemática ciudad de Venecia implementó un impuesto para quienes visitan temporalmente, estableciendo tarifas durante determinadas fechas del año que coinciden con la mayor afluencia de turistas. Esta medida se inscribe en un contexto más amplio, donde otras ciudades italianas y europeas han adoptado normas similares debido al incremento de turistas tras la pandemia.

En este marco, la isla de Capri, famosa por su belleza natural y su historia, ha decidido dar un paso firme para preservar su entorno y evitar la masificación. A partir de ahora, solo se permitirá el desembarque de grupos de hasta 40 personas. Además, aquellos grupos que superen las 20 personas deberán optar por auriculares individuales y señalización menos ostentosa en lugar de altavoces y sombrillas llamativas, con el fin de no perturbar la tranquilidad del lugar.

El alcalde de Capri, Paolo Falco, ha subrayado que el objetivo de estas restricciones es mantener un ambiente elegante y pacífico, alejándose del turismo masivo. Anteriormente, en la década de 1950, la isla ya había implementado normas como la prohibición de zuecos ruidosos y radios a alto volumen. Con el respaldo de la industria hotelera local, estas nuevas regulaciones buscan asegurar la sostenibilidad del turismo, permitiendo que Capri conserve su esencia intacta en un espacio de solo diez kilómetros cuadrados, donde la naturaleza y la historia conviven en armonía.