A lo largo del último siglo, la economía mexicana ha experimentado cambios significativos en la inclusión de las mujeres, según un informe del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Aunque han logrado importantes avances en educación y política, la plena integración económica de las mujeres sigue siendo un reto que afecta tanto su autonomía como el desarrollo del país.

En los inicios del siglo XX, la situación de las mujeres en México era alarmante, con un 78% de analfabetismo y una participación casi nula en la esfera pública. La fundación de la Secretaría de Educación Pública en 1921 y la labor de maestras rurales marcaron el inicio de una revolución educativa. A partir de 2020, el analfabetismo femenino se había reducido a un 5%, logrando casi cerrar la brecha de género en este aspecto.

El acceso a la educación ha permitido que el número de universidades con alumnas pase de 3 mil en 1950 a 2.6 millones en 2020, con las mujeres constituyendo la mayoría en las instituciones de educación superior. Sin embargo, persisten desigualdades en la elección de carreras, ya que muchas se concentran en áreas de baja remuneración, mientras que los hombres dominan en campos más lucrativos, como ingenierías y ciencias de la computación. A pesar de los cambios positivos, la realidad económica para muchas mujeres sigue siendo precaria, con solo un 34% de ellas ahorrando para su jubilación, lo que contrasta con el 50% de los hombres.