La actual situación geopolítica, marcada por el reciente ataque de Israel a Irán y el respaldo de Estados Unidos, ha generado movimientos inesperados en los mercados financieros. Históricamente, se ha aconsejado a los inversores mantener un porcentaje de su cartera en oro y refugiarse en el dólar estadounidense y en los bonos del Tesoro en momentos de incertidumbre. Sin embargo, desde el 28 de febrero, cuando se intensificaron las hostilidades, el dólar se ha fortalecido, pero los precios de la deuda soberana estadounidense a 10 años han experimentado una caída, elevando las tasas de interés de 3.952% a 4.053%, alcanzando incluso un pico de 4.113% recientemente.

A pesar de que muchos podrían atribuir esto a un fenómeno temporal, las tendencias actuales sugieren que esta situación podría persistir. Por ejemplo, tras un ataque similar el 13 de junio, la tasa de los bonos del Tesoro aumentó, mientras que las tasas de otros países disminuyeron. Este comportamiento desafía la lógica tradicional de los inversores que suelen buscar seguridad en los Treasuries, lo que ha llevado a una disminución en su atractivo a favor de bonos de otras naciones que ofrecen mayores rendimientos.

Desde la crisis financiera de 2008, se ha observado un cambio en la dinámica de los bonos del Tesoro, en particular desde 2015. Los inversores están optando por instrumentos que, aunque menos seguros, ofrecen tasas más competitivas. Un factor que ha influido en esta tendencia es la reducción de la tenencia de bonos del Tesoro por parte de China, que ha pasado de un récord de u$s1.316.700 millones en 2013 a menos de u$s700.000 millones en la actualidad. Esto ha llevado a un aumento en las tenencias en otras jurisdicciones, como Luxemburgo y Bélgica, lo que sugiere un cambio significativo en la percepción del riesgo y la rentabilidad entre los inversores.