En Comodoro Rivadavia, el viento patagónico sopla con fuerza mientras Adelina María de Jesús José abre su cuaderno de tapas duras. En sus páginas, se encuentra la historia de una niña portuguesa que, en 1958, cruzó el Atlántico junto a su familia, dejando atrás el Algarve, impulsada por la esperanza de un futuro mejor y la tristeza de dejar su hogar.

Hoy, casi setenta años después, ese relato se erige como un testimonio vital de la inmigración portuguesa en Argentina, sirviendo como un puente hacia las nuevas generaciones. Esa niña es Adelina, y su libro, titulado “Memorias”, se convierte en un legado que busca preservar su historia familiar para el futuro.

Adelina recuerda con claridad su travesía. A la edad de siete años, observó desde la ventana del camarote cómo la costa brasileña se asomaba tras semanas en el mar. “No podía estar triste, estábamos en América y todo era nuevo para nosotros”, rememora. El barco argentino Juan de Garay, en su último viaje antes de ser reparado, transportaba familias desde Lisboa hacia Buenos Aires, donde vivieron momentos de alegría y duelo en el mar. Su historia, ahora recopilada en un libro, invita a reflexionar sobre la importancia de mantener vivas las raíces familiares y la memoria colectiva.