En la madrugada del 18 de marzo de 1976, Vinicius de Moraes, célebre poeta y músico brasileño, fue despertado por una llamada telefónica en su apart hotel del centro de Buenos Aires. Mientras sus compañeras de habitación, Renata Suchsseim y Marta Santamaría, conversaban, Vinicius, aún medio dormido, respondió con un tono alarmado: "¡Oi, Toquinho!". La preocupación en su voz se hizo evidente cuando, tras colgar, comunicó que Tenorinho, el pianista de su banda, había desaparecido.

Ese periodo en Argentina se caracterizaba por una inminente crisis política que culminaría con un golpe de estado. Aunque la vida en el centro porteño parecía continuar con normalidad, la presencia de vehículos del régimen militar y sus ocupantes vigilantes creaba un clima de tensión palpable. En medio de esta atmósfera, el Gran Rex albergaba los últimos conciertos de Vinicius y Toquinho, donde Tenorinho, un pianista destacado en la escena del samba-jazz, brillaba junto a su talentosa banda.

Después de un exitoso recital y una cena, los músicos se encontraban en su hotel prolongando la noche. Tenorinho, al darse cuenta de que se había quedado sin cigarrillos, decidió salir a comprar. Sin embargo, su aspecto delgado y su larga cabellera lo convirtieron en un blanco para la represión. En un contexto donde cualquier rasgo que pudiera asociarse a la disidencia era motivo de peligro, el pianista se convirtió en víctima de un sistema brutal que lo etiquetó erróneamente como un "subversivo". Su trágico destino, como muchos otros en esa época oscura de la historia argentina, refleja la violencia y la paranoia de un régimen que perseguía a quienes consideraba una amenaza.