El Testimonio de Ann Lee, bajo la dirección de Mona Fastvold, busca un enfoque casi documental para narrar la historia de su fundadora. Filmada en 35 mm, la película logra crear una atmósfera inmersiva que transporta al espectador al siglo XVIII, utilizando planos prolongados que refuerzan la intención de realismo que la directora se propone.
La congregación de los Shakers, que practicaba su fe a través del canto y la danza, se ve representada de manera destacada en esta producción. Las secuencias musicales son uno de los puntos más logrados, con una interpretación vibrante de la actriz y coreografías que evocan rituales auténticos, logrando así transmitir la energía de sus voces y movimientos, alejándose del formato convencional del musical.
Sin embargo, uno de los desafíos más significativos de El Testimonio de Ann Lee es su categorización. Si bien se presenta como una biografía parcial, incorpora elementos de danza y canto sin ajustarse al modelo de un musical. La narrativa varía entre voz en off y capítulos, y aunque es un drama con momentos conmovedores, también se cuenta como una fábula, integrando toques de comedia que pueden resultar disonantes. El desempeño de Amanda Seyfried como Ann Lee es excepcional, mostrando su capacidad para interpretar personajes complejos. A pesar de algunas falencias en el desarrollo de personajes secundarios, la película ofrece una experiencia única que, aunque puede dejar un sabor agridulce, vale la pena disfrutar por su arriesgada propuesta.



