El panorama económico en Uruguay se presenta desafiante para las autoridades, ya que los índices de inflación han alcanzado niveles mínimos en más de veinte años. Al cierre de 2025, la inflación se situó en 3,65%, un dato que, aunque se encuentra dentro del rango de tolerancia establecido por el Banco Central del Uruguay (BCU) —que oscila entre el 3% y el 6%—, está por debajo del objetivo del 4,5%. Ante esta situación, el BCU decidió en enero implementar una significativa reducción de la tasa de interés, y tras una reunión reciente del Comité de Política Monetaria (Copom), se optó por una nueva flexibilización.
Durante el mes de enero, la inflación continuó su tendencia a la baja, alcanzando un 3,46%, lo que marca el séptimo mes consecutivo de descenso. Este comportamiento se ha observado en diversos componentes del índice, destacándose la disminución de los precios no transables, que tradicionalmente son más rígidos. Los datos recientes sobre la actividad económica, sin embargo, han mostrado resultados por debajo de lo esperado, lo que ha llevado a las autoridades a mantener un enfoque cauteloso en sus proyecciones.
El BCU comunicó que la tasa de política monetaria se ha reducido en 75 puntos básicos, fijándose en 5,75%, con el objetivo de guiar la inflación hacia la meta establecida. Además, el informe del BCU menciona factores globales que influyen en la economía local, como la debilidad del dólar y el impacto del conflicto en Medio Oriente, que está afectando los precios de la energía. A pesar del reciente repunte del dólar, los integrantes del Copom sostienen que los factores que favorecieron el escenario deflacionario en Uruguay siguen presentes, aunque reconocen la incertidumbre que genera la situación internacional.



