Cada vez surgen más indicios sobre la situación crítica del crédito privado en Estados Unidos, conocido como PE por sus siglas en inglés. Aunque no hay consenso entre los especialistas sobre la causa específica de esta crisis, ya sea por la especulación relacionada con el auge de la inteligencia artificial o por el crecimiento desigual de la economía estadounidense, todos coinciden en que las inestabilidades persistirán, al menos, hasta el primer semestre de 2026.

Recientemente, se reportó que fondos de deuda gestionados por grandes empresas como Blackstone, BlackRock, Morgan Stanley y Monroe Capital han recibido solicitudes para retirar más de u$s10.000 millones en el trimestre actual. En respuesta a esta situación, estas firmas han implementado medidas restrictivas, devolviendo aproximadamente el 70% de los fondos solicitados, según información de medios especializados.

Además, un análisis de Lincoln International reveló que el número de empresas que se vieron obligadas a aceptar condiciones crediticias más estrictas ha aumentado considerablemente, lo que se conoce como "tasa de default encubierto", pasando del 2,5% al 6,4% durante el año 2025. A diferencia del crédito convencional, la información sobre el crédito privado es menos accesible, lo que genera incertidumbre entre los inversores, especialmente en el sector minorista, aunque los capitales institucionales parecen estar menos afectados por esta situación.