La economía rusa experimentará un crecimiento inferior al previsto para los años 2026 y 2027, según declaraciones del viceprimer ministro Alexander Novak, quien supervisa la política económica del país. Durante este año, se estima un incremento del Producto Interno Bruto (PIB) del 0,4%, mientras que en 2027 se prevé un crecimiento de 1,4%. Estas cifras reflejan un ajuste significativo respecto a las proyecciones anteriores, que sugerían un panorama más optimista para la economía rusa.

Novak detalló que, aunque el PIB mantendrá un crecimiento positivo del 0,4% en 2026, se anticipa una recuperación gradual que llevará la tasa de crecimiento al 1,4% para 2027 y al 2,4% en 2029. Este cambio en las expectativas económicas contrasta notablemente con las estimaciones del Ministerio de Desarrollo Económico de Rusia, que en septiembre del año pasado había previsto un crecimiento del 1,3% para 2026 y del 2,8% para 2027, así como un aumento del 2,5% en 2028.

En cuanto a la inflación, el viceprimer ministro indicó que se espera que la tasa se sitúe en aproximadamente 5,2% en 2026, y posteriormente se estabilice alrededor del objetivo del 4% a partir de 2027. Estos datos sugieren que, a pesar de la desaceleración proyectada, el Gobierno ruso mantiene un enfoque proactivo para controlar la inflación, un factor crítico para la estabilidad económica del país.

Novak también subrayó la naturaleza cíclica de la dinámica económica, señalando que un periodo de fuerte crecimiento suele ser seguido por una corrección. Recordó que Rusia había experimentado tasas de crecimiento robustas en 2023 y 2024, donde el PIB real se incrementó en aproximadamente un 3,3% anual, superando considerablemente el promedio de 2017 a 2019. Este contexto resalta la importancia de una gestión de riesgos adecuada para mitigar los efectos adversos y facilitar una transición hacia un crecimiento más equilibrado.

Entre los principales retos que enfrenta la economía rusa, Novak identificó la escasez estructural de mano de obra y los cambios en la estructura del gasto público, que incluyen un aumento significativo en el gasto en defensa. Además, la economía rusa se ve afectada por la interrupción de las cadenas de suministro globales y las sanciones impuestas desde 2022, que han alterado el panorama económico del país.

El viceprimer ministro también comentó sobre la política monetaria del Banco de Rusia, que ha adoptado un enfoque moderadamente restrictivo en respuesta a la inflación. Esta estrategia tiene un impacto directo en la demanda, el consumo y la inversión, y Novak advirtió que la prolongación de esta política podría extender el periodo de crecimiento moderado. En este sentido, la atención a la política monetaria será clave para fomentar un crecimiento sostenible en el futuro.

Por último, Novak reflexionó sobre el impacto del conflicto en Oriente Próximo y el cierre del estrecho de Ormuz, resaltando la necesidad de mantener una estrategia pragmática y conservadora. Aunque la crisis actual podría generar un aumento temporal en los ingresos por exportaciones de petróleo y gas, advirtió que este efecto no es sostenible a largo plazo, ya que se prevé una disminución de la demanda global y una posible caída de los precios por debajo de los niveles previos al conflicto. Así, el Gobierno ruso parece adoptar un enfoque cauteloso en sus previsiones sobre los precios de exportación del petróleo, evidenciando la incertidumbre que rodea el futuro económico del país.