En abril, el sector privado vivió un respiro en el ámbito crediticio, ya que los préstamos en pesos experimentaron un crecimiento que cortó una racha negativa de dos meses consecutivos. Este repunte fue principalmente impulsado por un aumento notable en el uso de tarjetas de crédito, aunque también se vieron favorecidas las líneas de financiamiento con garantía real y los adelantos a empresas. Según el último informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el crédito en términos reales mostró un incremento del 0,6% con respecto a marzo.

El informe destaca que el financiamiento al consumo, que había estado en declive en cinco de los seis meses previos, registró un aumento del 1,6%. Este crecimiento se atribuye en gran medida al uso de tarjetas de crédito, que vieron un alza del 3,1% en sus operaciones. A pesar de esta mejora, los préstamos personales no experimentaron cambios significativos durante el mes, lo que sugiere un comportamiento diferenciado entre los distintos tipos de financiamiento.

Un aspecto relevante a considerar es la trayectoria de las tasas de interés, que desde finales de febrero comenzaron a mostrar una tendencia a la baja y una mayor estabilidad. Sin embargo, esta disminución aún no se ha reflejado en los costos de los préstamos para individuos. Un análisis reciente del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA, realizado por el economista Joaquín Waldman, señala que los créditos destinados a personas físicas, como préstamos personales, prendarios y el mismo uso de tarjetas, mantienen tasas elevadas. Esto se debe a que los bancos, ante el riesgo de impago, ajustan el spread de tasas para garantizar su rentabilidad.

El riesgo de impago se ha convertido en un tema preocupante, dado que las estadísticas sobre morosidad son alarmantes. Un informe de la consultora 1816 indica que en marzo el ratio de irregularidad alcanzó un récord del 11,5% para los créditos a familias. Los préstamos personales son los más afectados, con tasas que superan el 60% nominal anual y una morosidad que gira en torno al 14%. Esta situación plantea serios interrogantes sobre la sostenibilidad del crédito en el futuro.

Si bien el segmento de préstamos personales no mostró signos de recuperación en abril, el aumento en el uso de tarjetas de crédito refleja una dinámica diferente. Además, los créditos prendarios también aportaron al crecimiento, con un incremento real mensual del 3%. Por otro lado, los créditos hipotecarios continuaron su tendencia positiva, registrando un aumento del 0,7% en comparación con marzo, lo que sugiere cierta confianza en el mercado inmobiliario.

El financiamiento empresarial, por su parte, mostró un comportamiento mixto. Los adelantos a empresas crecieron un 2,4%, rompiendo una serie de tres meses de caídas, mientras que los documentos presentaron una variación negativa del 2%. Este contraste destaca la necesidad de un análisis más profundo sobre las necesidades de financiamiento en diferentes sectores de la economía.

A pesar de las señales positivas en abril, los analistas advierten que no hay indicios suficientes para afirmar que el crédito en pesos está en camino hacia una recuperación sostenida. Para que esto suceda, será crucial reducir la morosidad y mejorar los ingresos reales de la población. El BCRA enfatizó que, en términos generales, las tasas de interés pasivas se ajustaron a la baja de manera gradual en abril, sin registrar episodios de volatilidad, lo que refleja las condiciones de liquidez del mercado. La tasa nominal anual (TNA) para los plazos fijos mayoristas se ubicó en 23,1% al cierre del mes, lo que podría influir en la dinámica de los préstamos en el futuro.