En el ámbito financiero argentino, se han encendido alarmas en torno a la creciente morosidad en el sector bancario, lo que genera preocupación tanto en las instituciones financieras como en los despachos oficiales de la Casa Rosada. En un contexto donde la inflación se agudiza y se generan incertidumbres en el mercado laboral, la situación de los créditos en mora se torna cada vez más crítica. Este panorama no solo refleja la fragilidad del sistema financiero, sino que también es un indicador preocupante de la salud económica de los hogares y empresas del país.
Recientemente, el presidente de la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba), Javier Bolzico, compartió un dato revelador en redes sociales, donde se evidenció que el crédito alcanzó el 12% del Producto Bruto Interno (PBI) a finales del año pasado. Si bien esta cifra es superior al mínimo histórico registrado en 2023, que fue del 4%, aún se encuentra muy por debajo de los niveles promedios de otros países de la región y del mundo desarrollado. Bolzico, quien también forma parte del Grupo de los 6, un conjunto de asociaciones que representan a diversos sectores económicos, destacó la recuperación del crédito en los últimos años, aunque reconoció que queda un largo camino por recorrer.
Sin embargo, la buena noticia sobre el aumento del crédito se ve opacada por un aumento alarmante en la morosidad. Datos oficiales y estimaciones del sector privado indican que la proporción de préstamos en situación irregular ha alcanzado niveles que no se observaban desde la crisis económica de 2001. Este aumento en la morosidad es un termómetro preocupante de la situación económica, que afecta tanto a familias como a empresas, y que podría tener repercusiones en la estabilidad del sistema financiero.
El ministro de Economía, Luis Caputo, ha salido al cruce de las críticas y ha intentado minimizar la situación, asegurando que se encuentra en un récord histórico en términos de actividad, exportaciones y consumo. Sin embargo, la percepción en los mercados y entre los ciudadanos parece ser diferente, ya que el aumento en la morosidad sugiere que muchos argentinos están luchando para cumplir con sus obligaciones financieras. En un reciente programa de streaming, Caputo comparó la situación actual con la de septiembre del año pasado, cuando el clima político y económico era igualmente tenso.
La morosidad de los préstamos a individuos ha experimentado un aumento significativo, pasando del 2,5% a fines de 2024 al 9,3% en diciembre de 2025, según cifras del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Esta tendencia inquietante no solo refleja una mayor dificultad para acceder a créditos, sino que también puede estar vinculada a la pérdida de poder adquisitivo y al aumento del costo de vida, factores que afectan directamente la capacidad de los argentinos para cumplir con sus compromisos financieros.
Es fundamental que el gobierno y las entidades bancarias trabajen en conjunto para abordar esta situación. La implementación de políticas económicas que estimulen el crecimiento, junto con medidas que protejan a los deudores, será clave para evitar un colapso en el sistema financiero. En este sentido, el diálogo entre el sector público y privado será esencial para encontrar soluciones que beneficien a todos los actores involucrados y que, en última instancia, promuevan la estabilidad económica del país.



