El colectivo 'Signos que transforman el mundo', liderado por el activista sordo Marcos Lechet, ha iniciado una campaña para que el Ministerio de Educación de Argentina garantice la lengua de signos como una materia optativa en colegios e institutos. Este movimiento busca visibilizar la importancia de esta lengua no solo como un medio de comunicación, sino también como una herramienta fundamental para la inclusión social y educativa de las personas con discapacidad auditiva.

En Argentina, más de un millón de personas se encuentran en situación de discapacidad auditiva, según estimaciones de organizaciones sociales. A pesar de ello, la enseñanza de la lengua de signos en el sistema educativo argentino es aún escasa y, en muchos casos, inexistente. Lechet, quien perdió la audición a los cinco años y recuperó parte de su capacidad auditiva a los 23 mediante implantes cocleares, ha subrayado que la inclusión de esta lengua en las aulas es un derecho que debe ser garantizado por el Estado, enfatizando que "no se necesita una nueva ley, sino que se deben cumplir las normas existentes".

El marco legal que respalda esta propuesta ya está en vigencia en el país. La Ley 24.901 de 1997, que establece el régimen de discapacidad, reconoce la lengua de signos como un medio de comunicación válido. Sin embargo, la implementación de esta normativa ha sido desigual a lo largo del tiempo. A pesar de contar con una base legal sólida, la realidad es que muchos estudiantes no tienen la posibilidad de aprender lengua de signos, lo que perpetúa una barrera en su acceso a la educación y a la comunicación en general.

Desde el movimiento, se ha señalado que la falta de acceso a la lengua de signos crea dificultades en situaciones cotidianas, como visitas al médico, interacciones en la escuela o en el trabajo, lo que a su vez contribuye a la marginación de un segmento significativo de la población. Este hecho se convierte en un desafío tanto para las personas sordas como para la sociedad en su conjunto, que pierde la oportunidad de integrar plenamente a estos individuos en todos los ámbitos de la vida.

Algunas provincias, como la Ciudad de Buenos Aires y Mendoza, han empezado a incluir la lengua de signos en sus programas educativos, pero estos esfuerzos son todavía insuficientes. La disparidad en el acceso a la educación bilingüe dependerá, en gran medida, de la ubicación geográfica, lo que plantea un problema de equidad educativa. "No debería depender del código postal de cada uno", ha enfatizado Lechet, quien ha pedido una implementación uniforme de la lengua de signos en todo el país, asegurando que todos los niños tengan la misma oportunidad de aprenderla.

La visibilidad del movimiento ha aumentado, especialmente gracias a historias emotivas como la de Nora, una niña de 10 años que se volvió famosa por su actuación en 'Got Talent' España, donde interpretó una canción en lengua de signos dedicada a su abuela. Su historia ha recorrido las redes sociales, simbolizando la lucha de muchos y la necesidad de que los niños sordos tengan acceso a la educación en lengua de signos desde temprana edad. Nora no solo representa a su familia, sino que se ha convertido en un ícono de una demanda que trasciende lo personal y se inserta en un contexto social más amplio.

El movimiento 'Signos que transforman el mundo' sigue avanzando, recabando apoyo de diferentes sectores de la sociedad y buscando que el gobierno escuche su reclamo. La inclusión de la lengua de signos en el sistema educativo no es solo una cuestión de derechos, sino un paso necesario hacia una sociedad más inclusiva y justa, donde cada individuo, sin importar su capacidad auditiva, tenga la posibilidad de comunicarse, aprender y desarrollarse plenamente.