A medida que se acerca el Mundial de Fútbol 2026, la pasión por completar el álbum de figuritas se intensifica en Argentina, desatando un conflicto comercial que involucra a kiosqueros, supermercados y distribuidores. A menos de una semana del lanzamiento oficial de las figuritas, la problemática por la falta de stock y la desigualdad en la distribución se ha convertido en un tema candente en la agenda pública, generando preocupación entre los aficionados y los comerciantes del sector.
Los kiosqueros han denunciado que, mientras los supermercados cuentan con un suministro constante desde el 30 de abril, las tiendas de barrio enfrentan una escasez alarmante. Muchos kioscos han informado que las entregas son significativamente inferiores a las cantidades solicitadas e incluso han recibido pedidos vacíos, lo que provoca una frustración considerable entre los dueños de estos pequeños comercios. Esta situación ha llevado a un descontento generalizado, ya que los kiosqueros son un punto de venta clave para los coleccionistas de figuritas, que buscan completar su álbum antes del inicio del torneo.
Ernesto Acuña, vicepresidente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), explicó cómo se ha gestado esta crisis. Según Acuña, Panini, la empresa encargada de la producción de las figuritas, vende a los distribuidores a un precio que permite a los kiosqueros ofrecerlas a un precio accesible. Sin embargo, los distribuidores han optado por destinar una gran parte de su stock a la venta directa al consumidor, elevando los precios hasta cifras exorbitantes, como $15.000 por paquete en plataformas de reventa. Esto no solo limita el acceso a los kiosqueros, sino que también afecta a los consumidores que buscan precios justos.
La situación se complica aún más por el alto costo que implica para los kiosqueros adquirir un lote de figuritas. Por ejemplo, un paquete de 1.000 unidades cuesta alrededor de $1,5 millones, lo que significa que los kiosqueros deben vender a $2 millones para obtener un margen de ganancia de $500.000. Sin embargo, la continua escasez de figuritas ha llevado a un aumento en la demanda, lo que se traduce en una competencia feroz entre los comercios para conseguir un producto que, por el momento, escasea. Esto ha generado un clima de incertidumbre y ansiedad entre los comerciantes, que temen no poder satisfacer las necesidades de sus clientes.
Acuña ha informado que, a partir de esta semana, se espera que la situación comience a regularizarse, con entregas programadas para los kioscos a través de la asociación que representa a los comerciantes. Se anticipa que desde el miércoles los abastecimientos comenzarán a llegar de manera más consistente, lo que podría aliviar la presión sobre los kioscos y permitirles ofrecer a sus clientes una mayor cantidad de figuritas. Sin embargo, muchos se muestran escépticos sobre si esta medida será suficiente para resolver el problema de fondo.
Por otro lado, en plataformas de delivery como Rappi, se han lanzado promociones que ofrecen paquetes individuales a $2.000 y descuentos significativos por compras en grandes cantidades. Sin embargo, la misma plataforma ha tenido que admitir que el producto se encuentra en estado de “indisponibilidad” debido a la alta demanda. Esto evidencia que la controversia no solo afecta a los kiosqueros, sino también a los consumidores que buscan adquirir figuritas para completar su colección.
El conflicto actual pone de manifiesto las tensiones en el sistema de distribución de figuritas, donde han emergido cuatro actores principales: fabricante, distribuidor, figuretero e kiosquero. La priorización de ventas directas por parte de algunos distribuidores ha dejado a los kioscos en una situación desventajosa, sin acceso a un producto que históricamente ha sido parte de su oferta. Esta situación ha generado un desabastecimiento notable, no solo en Buenos Aires, sino también en localidades del interior, como Mar del Plata, donde los kiosqueros han expresado su descontento por las dificultades para conseguir figuritas.
A medida que se aproxima el Mundial, la esperanza de los kiosqueros es que la normalización en la distribución les permita recuperar el terreno perdido y brindar a sus clientes la posibilidad de completar sus álbumes sin inconvenientes. Sin embargo, la incertidumbre sigue latente en un mercado donde la demanda supera, por lejos, la oferta disponible. La situación exige un análisis profundo del sistema de distribución y la necesidad de establecer mecanismos más equitativos que garanticen el acceso de los pequeños comerciantes al producto que tanto anhelan sus clientes.


