La petrolera estatal peruana Petroperú se encuentra en medio de un proceso de reestructuración que tiene como objetivo convertirla en una empresa autosostenible para el año 2032. Esta iniciativa, impulsada por las autoridades, busca fortalecer su estructura patrimonial y reducir su dependencia del apoyo del Estado, lo que ha generado un compromiso significativo de recursos públicos en los últimos años. Ángel Delgado, director del proyecto de reorganización, destacó la importancia de avanzar hacia una corporación financieramente sólida que no requiera más inyecciones del tesoro público.

En este contexto, se estima que Petroperú ha recibido más de 17.000 millones de soles (aproximadamente 5.029 millones de dólares) en apoyo gubernamental, lo que representa cerca del 1,5% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Este hecho resalta la magnitud del desafío que enfrenta la empresa, no solo en términos financieros, sino también en la percepción pública sobre su viabilidad y sostenibilidad futura. La meta es clara: llegar a 2032 como una entidad transformada, capaz de operar de manera independiente y eficiente en el mercado.

Delgado explicó que la primera fase del plan de reestructuración se centrará en destinar los ingresos generados por Petroperú hacia la recuperación del valor operativo de sus activos. Esto incluirá la inyección de capital necesaria para asegurar un flujo continuo de crudo, vital para mantener las operaciones de la empresa. Esta estrategia es fundamental para fortalecer la base patrimonial de Petroperú, permitiendo que la reingeniería de la corporación esté consolidada para el año objetivo.

Uno de los aspectos más relevantes de esta reestructuración es que los indicadores financieros de Petroperú serán sometidos a evaluación por los mercados internacionales, lo que podría significar una recuperación de su grado de inversión. Este proceso es crucial para mejorar la confianza de los inversores y asegurar un futuro más sólido para la empresa. En las próximas semanas, se anunciará un nuevo plan de gobernanza corporativa, lo que podría dar paso a un mayor control y transparencia en la gestión de la compañía.

Además, se prevé que en julio se constituyan los primeros bloques patrimoniales que agruparán activos inmobiliarios considerados no críticos, incluyendo propiedades como casas de playa y clubes, así como la sede central ubicada en San Isidro, Lima. Esta estrategia tiene como fin optimizar los recursos y preparar a Petroperú para una gestión más eficiente y menos dependiente de la intervención estatal.

En cuanto a los resultados financieros recientes, la empresa reportó pérdidas acumuladas de 468 millones de dólares en 2025, lo que representó un 54,5% de su patrimonio. Sin embargo, a finales de mayo, Petroperú informó sobre un beneficio neto de 208,4 millones de dólares en el primer tercio del año, lo que refleja el impacto positivo de las medidas implementadas para optimizar su cadena de valor y sistema de abastecimiento. La empresa ha logrado gestionar mejor sus inventarios y costos, lo que podría ser un indicativo de que las reformas están comenzando a dar frutos.

La transformación de Petroperú no solo es un desafío corporativo, sino que también representa un paso importante para la economía peruana en su conjunto. Al dejar de ser una carga fiscal para el Estado, la empresa podría convertirse en un habilitador estratégico para el desarrollo del sector energético del país, promoviendo así un entorno más sostenible y menos dependiente de recursos externos. De esta manera, el futuro de Petroperú no solo impactará en su operatividad, sino que también influirá en el panorama económico general de Perú.