Lumilagro, la emblemática fabricante de termos, se encuentra en un proceso de transformación significativa de su modelo productivo. La empresa, que había sido pionera en la producción de ampollas de vidrio en Argentina, ha decidido cerrar los hornos de su planta en Tortuguitas, lo que marca un cambio drástico en su actividad habitual.
Este giro se enmarca en un plan de reestructuración más amplio que afecta no solo el empleo, sino también la cadena de valor de la compañía. Con más de 85 años de trayectoria, Lumilagro, fundada en 1941 por Eugenio Suranyi, ha enfrentado desafíos como la caída del consumo y el incremento de importaciones, lo que ha llevado a la empresa a replantear su estrategia hacia un modelo centrado en el diseño, comercialización y abastecimiento a nivel global.
Martín Nadler, director ejecutivo de Lumilagro, explicó que la decisión de apagar los hornos responde a una práctica común en la industria vidriera. Durante la pandemia, la firma acumuló un stock estratégico que le permite atender la demanda sin necesidad de reactivar la producción local de su icónica botella de un litro. Sin embargo, la situación del negocio del vidrio es compleja, con una caída del 50% en las ventas, exacerbada por el ingreso descontrolado de termos de baja calidad, principalmente provenientes de Bolivia y Paraguay, que representan una amenaza para la salud de los consumidores.



