La morosidad entre las familias argentinas continúa en ascenso, marcando su decimoséptimo mes consecutivo de incremento durante marzo. Este fenómeno se produce en un entorno económico caracterizado por el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI), aunque sin que este progreso se traduzca en mejoras significativas para amplios sectores de la población. A pesar de las cifras positivas en términos macroeconómicos, el mercado laboral formal enfrenta serias dificultades y el ingreso disponible de los ciudadanos sigue en caída, lo que complica aún más la situación financiera de las familias.
Un análisis realizado por la consultora 1816, que anticipa los datos que el Banco Central divulgará a finales de mes, resalta un hecho sorprendente en la economía local. A pesar del crecimiento del PBI, el beneficio no se distribuye equitativamente, dejando a muchos grupos vulnerables sin acceso a los efectos positivos del crecimiento. Las cifras relacionadas con salarios y empleo consolidan esta percepción, dado que no se han registrado mejoras significativas para los sectores más desfavorecidos del país.
En este contexto, el acceso al crédito se ha convertido en un aspecto crítico que afecta tanto a las familias como a las entidades bancarias. El informe de 1816 enfatiza la situación de los préstamos en pesos para el sector privado, destacando que a partir de la finalización de las Letras de Liquidez (LEFI) en julio de 2025, la dinámica del crédito en términos reales sufrió un quiebre notable. Antes de esa fecha, se observaba un crecimiento constante de los préstamos, con tasas que en algunos casos superaban el 10% mensual. Sin embargo, tras la desaparición de este instrumento, el acceso al crédito comenzó a declinar, marcando un cambio significativo en las condiciones de financiamiento.
La reducción en la disponibilidad de crédito ha tenido repercusiones directas en el día a día de las familias argentinas, generando dificultades para la refinanciación de deudas. Además, esta situación ha provocado que los bancos enfrenten retrasos en la gestión de sus clientes morosos, complicando aún más la operatoria financiera. Este freno al crédito se ha manifestado incluso antes de los episodios de volatilidad en las tasas de interés que se registraron durante las elecciones legislativas del año pasado, lo que sugiere que la problemática tiene raíces más profundas.
La consultora 1816 califica este escenario como “novedoso”, dado que es poco común que la actividad económica crezca sin que los hogares se beneficien a través de incrementos en salarios, generación de empleo o, en este caso, una mayor disponibilidad de crédito. La tasa de morosidad refleja esta desconexión: a pesar de los indicadores macroeconómicos favorables, el número de familias con deudas impagas sigue en aumento, evidenciando la fragilidad de la situación financiera de muchos argentinos.
En los primeros días de mayo, la tasa de interés promedio de los préstamos personales ofrecidos por las entidades financieras se mantuvo en un 68,3%, un nivel similar al registrado en meses anteriores. El informe de 1816 sostiene que esta estabilidad no implica una mejora real, ya que el costo del dinero permanece elevado y el acceso al crédito en pesos avanza a un ritmo lento. Las altas tasas de interés pueden tener múltiples explicaciones, entre las cuales destacan la necesidad de los prestamistas de protegerse ante la morosidad, así como la falta de cambios en el régimen monetario que dificulta la previsibilidad en la evolución de las tasas en el futuro.



