En el contexto actual de la economía global, la noción de "Estado" se vincula generalmente a la provisión de bienes públicos y a la regulación de mercados. Sin embargo, en la Argentina contemporánea, esta idea se complica y da lugar a un concepto inquietante: el Estado Trader. La gestión de Javier Milei parece actuar más como un creador de mercado que como un administrador de recursos públicos, utilizando la estructura estatal para facilitar arbitrajes extraordinarios en beneficio del capital financiero.

La política económica vigente no se puede considerar un simple “error de cálculo” o una “transición dolorosa hacia la libertad” sino que, en realidad, es un mecanismo estructural destinado a la extracción de valor. Este mecanismo se sostiene en una “inconsciencia consciente” de quienes operan en el ámbito financiero, asumiendo el control de la macroeconomía. La interrogante que surge es: ¿cómo logra un gobierno, a través de algoritmos y un discurso de “disciplina fiscal”, encubrir el aumento vertiginoso de la deuda y una hiperinflación en dólares que afecta seriamente al aparato productivo, mientras favorece la especulación a corto plazo?

La situación se presenta como una tragicomedia financiera, donde las teorías económicas son sistemáticamente desafiadas en nombre de una supuesta pureza ideológica. El equipo económico se muestra ante los mercados internacionales como si hubiera descubierto un nuevo paradigma, cuando en realidad solo ha reciclado el conocido modelo del Carry Trade, en un envoltorio de estética libertaria. Es alarmante observar cómo se elabora un discurso comunicacional que busca mantener el statu quo de una élite financiera, mientras la ciudadanía enfrenta una stagflación que asfixia a industrias y comercios, mientras la narrativa oficial difunde “logros” que se desmoronan ante un análisis riguroso.