La economía de Argentina ha experimentado un significativo retroceso en su actividad durante el mes de febrero, según los últimos datos divulgados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Este descenso ha reavivado las discusiones sobre las proyecciones de crecimiento a corto plazo, en un contexto donde los primeros indicios del mes de marzo sugieren un predominio de mejoras que, sin embargo, no logran modificar la tendencia desigual que caracteriza a la economía local. La situación se torna aún más crítica al analizar la incapacidad de los sectores que más inciden en el empleo y en los ingresos de las familias para generar un impulso sostenido.

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) reveló una disminución del 2,6% en comparación con enero, en términos desestacionalizados, y una caída del 2,1% interanual. Este resultado representa una interrupción a la serie de incrementos observados en los meses de diciembre y enero, lo que devuelve a la economía argentina a niveles de actividad similares a los registrados en noviembre del año anterior. La industria manufacturera y el comercio fueron los sectores más afectados, con descensos del 8,7% y 7% interanual, respectivamente. En contraste, solo cuatro sectores lograron registrar aumentos en comparación con el mismo mes del año anterior, lo que resalta la fragilidad del panorama económico actual.

El informe del INDEC destaca que la caída de febrero es la más pronunciada desde diciembre de 2023, lo que genera preocupación entre analistas y economistas. Si bien el EMAE mostró un incremento del 0,8% en el trimestre móvil y una subida del 1,3% en el semestre móvil, lo que permite hablar de un crecimiento sostenido durante dieciocho meses consecutivos, la serie desestacionalizada indica que la economía se encuentra en su nivel más bajo desde julio del año pasado. Además, el arrastre estadístico para 2026 se ha tornado levemente negativo, con una proyección de -0,2%, lo que podría anticipar un panorama complicado para el futuro inmediato.

Entre las razones de esta contracción se encuentran factores transitorios, como la reducción en la cantidad de días hábiles y un paro general que afectó a diversas actividades. Sin embargo, también es evidente que la falta de dinamismo en sectores clave como la industria, el comercio y la construcción ha tenido un efecto considerable en el desempeño económico. Mientras que la industria manufacturera y el comercio mayorista y minorista fueron responsables de gran parte del retroceso, otros sectores como la minería, la agricultura, la pesca y la intermediación financiera contribuyeron con resultados positivos, aunque insuficientes para equilibrar el impacto negativo de las bajas en las ramas más afectadas.

Por ejemplo, la minería mostró un crecimiento del 9,9% interanual, la agricultura del 8,4%, la pesca del 14,8% y la intermediación financiera del 6%. En conjunto, estos sectores sumaron 0,8 puntos porcentuales a la variación interanual, lo que refleja la disparidad en el comportamiento de diferentes segmentos de la economía argentina. Sin embargo, a pesar de estos incrementos, no lograron compensar las caídas significativas en la industria y el comercio, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad de recuperación de la economía en su conjunto.

Un análisis de SBS Research sobre el EMAE de febrero señala que esta caída mensual se alinea con lo que anticipaban los indicadores preliminares, marcando la mayor baja desde diciembre de 2023. A pesar de este descenso puntual, el promedio móvil trimestral ha mantenido siete meses consecutivos de crecimiento, mientras que el semestre móvil todavía acumula dieciocho meses en terreno positivo. Este informe también subraya que, en términos desestacionalizados, la economía se encuentra en su nivel más bajo desde julio de 2025, aunque la tendencia cíclica se mantiene en máximos históricos, lo que sugiere que, a pesar de los contratiempos, hay una base de recuperación que podría ser aprovechada en el futuro.

La situación económica argentina, marcada por altibajos, requiere de un análisis profundo y de estrategias claras para fomentar la estabilidad y el crecimiento sostenido. En un contexto donde las expectativas son inciertas, se vuelve crucial que las políticas públicas se orienten a fortalecer los sectores más vulnerables y a generar un entorno propicio para el desarrollo económico.