La Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar, dos de las principales herramientas de asistencia social en Argentina, se encuentran lejos de cumplir con su objetivo de garantizar una alimentación adecuada para las familias. Según un reciente análisis del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), estas transferencias económicas solo logran cubrir entre el 39% y el 62% del costo de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) en el Gran Buenos Aires. Esta situación genera un fuerte impacto en la calidad de vida de millones de ciudadanos que, a pesar de recibir estas ayudas, no pueden acceder a una alimentación suficiente y adecuada.
El informe revela que, a pesar de una proyectada recuperación económica para el año 2024, la realidad de las transferencias sociales sigue siendo insuficiente. La CBA, que refleja el costo de una alimentación mínima para una familia, se fijó en $644.088 para febrero, mientras que el ingreso total necesario para cubrir todas las necesidades de un hogar, la Canasta Básica Total (CBT), asciende a $1.397.672. Esto pone de manifiesto que, en términos generales, las ayudas estatales no son suficientes para sacar a las familias de la pobreza, lo que resalta la urgencia de políticas más efectivas y sostenibles.
Los hogares clasificados como tipo C, que se componen de dos adultos y tres niños, alcanzan una cobertura del 61,7% de la CBA, pero la situación se torna más crítica en los hogares tipo A, aquellos compuestos por dos adultos y dos adolescentes, donde la cobertura se reduce a solo el 39,1%. Este fenómeno no es nuevo, ya que el informe indica que desde el año 2016 hasta el presente, la asistencia estatal nunca ha logrado equiparar el costo total de la canasta alimentaria, lo que ha llevado a que la brecha entre la asistencia y las necesidades básicas continúe ampliándose, especialmente en contextos de alta inflación.
Al observar la CBT, la situación se complica aún más, ya que la cobertura desciende a un alarmante 28% en hogares tipo C, 21% en hogares tipo B y apenas 18% en hogares tipo A. Estos datos reflejan una tendencia preocupante, ya que en comparación con años anteriores, las cifras han mostrado un descenso significativo. Por ejemplo, en noviembre de 2024, las transferencias cubrían el 71%, 52% y 45% de la CBA para los hogares tipo A, B y C, respectivamente. Este retroceso pone en evidencia la precariedad en la que se encuentran muchas familias argentinas, quienes deben lidiar con el aumento de precios de los alimentos y la falta de recursos suficientes para alimentarse adecuadamente.
Durante el período comprendido entre abril de 2016 y febrero de 2026, la cobertura de la AUH y la Tarjeta Alimentar ha experimentado variaciones significativas, alcanzando su máximo en 2020 durante las políticas extraordinarias implementadas por el gobierno en respuesta a la pandemia de COVID-19. Sin embargo, tras ese pico, los porcentajes de cobertura comenzaron a descender nuevamente, y aunque se han implementado aumentos extraordinarios en las transferencias y mejoras en las políticas, la realidad es que nunca se logró cerrar la brecha de manera efectiva.
A pesar de que se proyectan mejoras a corto plazo, el informe concluye que, incluso en 2026, las familias argentinas siguen sin poder acceder a una cobertura total de la canasta básica, lo que plantea interrogantes serios sobre la efectividad de las políticas sociales actuales. La necesidad de un abordaje integral que contemple no solo la asistencia económica, sino también el fomento de oportunidades laborales y el fortalecimiento de la economía familiar, se torna cada vez más urgente en el contexto actual del país.



