La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, ha hecho un avance significativo en su agenda fiscal al proponer por primera vez un impuesto anual progresivo que gravará las segundas residencias de lujo valoradas en más de cinco millones de dólares. Esta medida, que busca generar aproximadamente 500 millones de dólares anuales, se presenta como una solución para mitigar el déficit presupuestario del estado, que actualmente asciende a 2.200 millones de dólares. La propuesta, que se dio a conocer tras varias semanas de intensas negociaciones en Albany, representa un cambio notable en la postura de Hochul, quien se encuentra en plena campaña por la reelección en noviembre.
La iniciativa, conocida como impuesto pied-à-terre, tiene como objetivo afectar a unas 13.000 propiedades en la ciudad de Nueva York, muchas de las cuales son poseídas por inversores extranjeros o individuos de grandes patrimonios que utilizan sus inmuebles únicamente unos pocos días al año. Este enfoque progresivo del impuesto implica que se establecerán diferentes tramos impositivos, con tasas más elevadas para propiedades valoradas en 15 millones y 25 millones de dólares. De esta manera, la gobernadora intenta que quienes poseen más riqueza contribuyan de manera justa al sostenimiento de los servicios públicos y programas sociales de la ciudad.
La presión sobre la aprobación del presupuesto es palpable en la ciudad, donde el plazo para su aprobación expiró el 1 de abril, y la incertidumbre que rodea este proceso está afectando la calificación crediticia de Nueva York. La situación es crítica, ya que más de 150.000 personas se encuentran en la lista de espera para acceder a viviendas públicas, según datos de la Autoridad de Vivienda Pública de Nueva York (NYCHA). En este contexto, Hochul argumenta que los residentes permanentes no deberían ser los únicos en cargar con el peso de la presión fiscal. “Si usted puede permitirse una segunda vivienda de cinco millones de dólares que permanece vacía la mayor parte del año, también puede permitirse contribuir, al igual que cualquier otro neoyorquino”, expresó la gobernadora en un comunicado.
La mandataria justificó que la nueva medida busca equilibrar la carga impositiva, al gravar a quienes actualmente aportan menos que los ciudadanos de a pie. De ser aprobada, la implementación del impuesto pied-à-terre permitirá que una parte del peso fiscal que soportan la clase media y las pequeñas empresas se traslade a los propietarios de viviendas de lujo y a las grandes fortunas, tanto nacionales como extranjeras. Este cambio se inscribe en un contexto donde el debate sobre la equidad fiscal está más presente que nunca en la agenda política neoyorquina.
El asambleísta Zohran Mamdani, principal impulsor de la propuesta, ha sido claro al señalar que la crisis fiscal de la ciudad requiere una revisión urgente de las políticas tributarias. “Esto implica también aumentar los impuestos a los neoyorquinos más ricos y a esas corporaciones rentables, y significa recalibrar la relación con el estado”, indicó en declaraciones realizadas en enero. Su llamado a la acción ha encontrado eco en sectores políticos que celebran el respaldo de Hochul, aunque también reclaman medidas más contundentes.
El Partido de las Familias Trabajadoras ha expresado su satisfacción con el apoyo brindado por la gobernadora, aunque han enfatizado la necesidad de ir más allá. Mamdani, en un tono optimista, afirmó: “Estamos un paso más cerca de equilibrar nuestro presupuesto mediante la imposición de tributos a los ultrarricos y a las élites globales. Junto con la gobernadora, nuestra administración lucha diariamente para abordar este déficit fiscal de forma justa, asegurando que los adinerados contribuyan de manera equitativa y que nuestro presupuesto refleje nuestro compromiso con los neoyorquinos de clase trabajadora.”



