El conflicto en Medio Oriente ha generado una nueva ola de incertidumbre en los mercados, afectando directamente a la economía de Argentina. La reciente volatilidad en el precio del petróleo, que llevó al barril de Brent a superar los 100 dólares antes de volver a estabilizarse en torno a los 90, plantea tanto oportunidades como riesgos para el país.
Uno de los principales efectos de esta situación podría manifestarse en el ámbito externo. Con el incremento de los precios del crudo, el sector energético argentino podría experimentar un aumento significativo en sus exportaciones de petróleo y gas, lo que a su vez podría traducirse en un mayor ingreso de divisas. De acuerdo a proyecciones de la consultora Aleph Energy, si el precio del Brent se mantiene en torno a los 100 dólares, el superávit de la balanza comercial energética podría superar los 12.300 millones de dólares para 2026, un incremento notable respecto al récord de 7.800 millones alcanzado el año pasado.
Sin embargo, los efectos no son totalmente positivos. El aumento del precio del petróleo también impacta en el mercado interno, encareciendo los combustibles y generando presiones inflacionarias adicionales. Horacio Marín, presidente de YPF, advirtió sobre la volatilidad del mercado y recomendó a los consumidores anticipar sus compras de combustible. A pesar de esto, Marín aseguró que la empresa se compromete a evitar ajustes bruscos en los precios. En la última semana, se registraron aumentos en los precios de la nafta y el gasoil en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires de 3,6% y 5,8%, respectivamente.
El Fondo Monetario Internacional también ha señalado que la guerra podría tener consecuencias en la inflación global, afectando a Argentina en el proceso. Kristalina Georgieva, directora del FMI, destacó que el principal canal de este impacto es el mercado energético. Históricamente, los incrementos en el precio del petróleo han repercutido de manera directa en la inflación y el crecimiento económico. Según sus estimaciones, un aumento del 10% en el precio del petróleo podría elevar la inflación global en aproximadamente 40 puntos básicos. Asimismo, este encarecimiento de la energía podría restar entre 0,1% y 0,2% al crecimiento del Producto Bruto Interno mundial, lo que incrementa el riesgo de una desaceleración económica.



