Los analistas económicos del ámbito financiero argentino han mantenido sus estimaciones de inflación para el mes de abril en un 2,6%. Sin embargo, estos mismos expertos advierten que el panorama inflacionario se presenta complejo, con proyecciones que sugieren que el índice podría superar el 30% hacia finales de 2026. Esta situación se ha visto influenciada por diversos factores, entre los que se destacan la creciente tensión en Medio Oriente, la inestabilidad en los mercados internacionales y una desaceleración económica más pronunciada de lo que se había anticipado en meses anteriores.
De acuerdo con el más reciente Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), realizado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), los analistas consultados entre el 28 y el 30 de abril prevén que la inflación mensual se mantenga en el mismo nivel que el estimado anteriormente. Este relevamiento incluye las opiniones de 45 consultoras, instituciones de investigación y entidades financieras, lo que le otorga un amplio espectro de análisis sobre la situación económica actual.
A pesar de la estabilidad en la proyección mensual, las expectativas para el cierre del año 2026 han sufrido un deterioro. En el reciente REM, se apunta a una inflación anual de 30,5%, un aumento respecto al 29,4% que se había anticipado en marzo. Los analistas que conforman el grupo denominado “Top 10” han elevado su pronóstico hasta un alarmante 33%. De esta manera, los próximos meses se perfilan con una desaceleración en el incremento de precios, aunque sin alcanzar una reducción significativa que brinde alivio a los consumidores. Las proyecciones indican que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) podría situarse en 2,3% en mayo, descendiendo a 2% en junio y julio, y alcanzando un 1,8% hacia agosto, un proceso que evidenciaría una pérdida de velocidad en la desinflación respecto a lo que se esperaba anteriormente.
La inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales, y que es considerada un indicador clave para entender la dinámica de los precios, también presenta una tendencia a la rigidez. Según el REM, se prevé que este indicador se ubique en 2,6% para abril, 2,2% para mayo y 2% para junio y julio, lo que sugiere un ritmo de desaceleración más lento del que se había anticipado en informes anteriores. Esta persistencia en los niveles de inflación núcleo refuerza la preocupación acerca de la capacidad del país para controlar el aumento de precios de manera efectiva.
En cuanto a la proyección del tipo de cambio, los analistas han moderado nuevamente sus expectativas, esperando que el dólar oficial cierre el año 2026 en un promedio de $1.676, un valor por debajo de los $1.700 que se pronosticaban en el informe anterior. Esta nueva estimación implica un incremento interanual del 15,8%, un ritmo que queda considerablemente por debajo de la inflación esperada para el mismo período. Esta discrepancia entre la evolución del tipo de cambio y la inflación genera incertidumbre en el mercado y sugiere que el peso podría seguir perdiendo valor en relación a otras monedas.
Las proyecciones del mercado también indican una trayectoria cambiaria relativamente controlada para los próximos meses. Para mayo, se espera un tipo de cambio promedio de $1.410, que se incrementaría a $1.437 en junio y $1.460 en julio. Estas estimaciones reflejan que, a pesar del contexto internacional volátil y de las tensiones provocadas por los conflictos en Medio Oriente, el mercado sigue apostando por una estrategia oficial de ajuste gradual del dólar, lo que podría actuar como un ancla parcial para la inflación. Sin embargo, la diferencia entre las proyecciones de inflación y tipo de cambio plantea interrogantes sobre la efectividad de esta estrategia a largo plazo.



