Un reciente análisis del Centro de Estudios para la Recuperación de la Argentina (Centro RA), perteneciente a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ha puesto de manifiesto un preocupante incremento en el nivel de morosidad entre las familias argentinas. Según el informe, el endeudamiento de los hogares para cubrir necesidades básicas ha crecido notablemente, superando incluso los niveles registrados durante la crisis sanitaria de la pandemia. Esta situación se presenta en un contexto donde, a pesar de una aparente desaceleración inflacionaria, la presión sobre el presupuesto familiar ha aumentado significativamente.

El estudio detalla que, desde diciembre de 2023, la inflación acumulada en bienes ha alcanzado un asombroso 170%, mientras que en servicios, la cifra asciende al 362%. Este desequilibrio ha llevado a las familias a ajustar su gasto, priorizando el pago de servicios por encima de la adquisición de bienes. Al inicio de la actual gestión, un 38% de los ingresos de los trabajadores se destinaban al pago de servicios, cifra que ha aumentado al 42% en enero de 2026. Este cambio en la composición del gasto sugiere una creciente dificultad para los hogares a la hora de equilibrar sus finanzas.

Desde la llegada de Javier Milei al poder, el crédito para consumo ha registrado un aumento del 57%. Sin embargo, el Centro RA advierte que este incremento no se debe únicamente a una mayor utilización de productos financieros o promociones comerciales, sino que refleja una necesidad estructural de las familias para cubrir sus gastos cotidianos. La dependencia del financiamiento se ha convertido en una estrategia común para muchas de ellas, lo que las empuja a recurrir a créditos para sostener su consumo básico.

Los cambios en los métodos de pago también son notables. El informe destaca que el uso de tarjetas de crédito ha crecido, pasando del 39% al 43% de las compras en supermercados, mientras que las tarjetas de débito han disminuido su participación del 34% al 25%. El efectivo ha visto una caída similar, del 20% al 17%, y las billeteras virtuales han experimentado un notable aumento, duplicando su participación del 7% al 15%. Este cambio en los medios de pago indica una reconfiguración en la forma en que las familias abordan sus gastos, acentuando aún más su dependencia del crédito.

Uno de los hallazgos más alarmantes del informe es el aumento en la morosidad. La tasa de morosidad en créditos familiares ha aumentado 7,8 puntos porcentuales, alcanzando un 10,6% del total. En el caso específico del crédito al consumo, el incremento es aún más drástico, con una morosidad que ha pasado del 2,5% al 12,1%, lo que representa un aumento cercano a cinco veces. Estas cifras ponen de relieve la creciente dificultad de las familias para cumplir con sus obligaciones financieras, un fenómeno que no se había observado desde 2009 y que es especialmente preocupante dado el contexto económico actual.

El informe de la UBA concluye que, aunque algunos indicadores macroeconómicos muestran mejoras, la realidad de muchas familias es de un esfuerzo creciente para mantener su estabilidad financiera. La presión sobre los presupuestos familiares se traduce en una mayor vulnerabilidad económica, lo que plantea serias preguntas sobre la sostenibilidad de esta tendencia a largo plazo. En un país que sigue lidiando con las secuelas de la pandemia, la morosidad creciente es un llamado de atención sobre la necesidad de abordar las condiciones económicas que afectan a las familias argentinas y buscar soluciones efectivas que permitan mejorar su calidad de vida.