La situación en Irán ha ingresado en su tercera semana de conflicto, a pesar de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, proclamara el lunes que la guerra estaba "prácticamente concluida". Aseguró que Irán ha perdido su capacidad militar, sin marina, sin comunicaciones y sin fuerza aérea. Sin embargo, a pesar de estos golpes, Teherán aún muestra resistencia y disposición para continuar la lucha, manteniendo el control del poder interno, aunque con un cambio en su liderazgo religioso tras la muerte del ayatolá Jameneí.
Irán no se rinde fácilmente y ha prometido represalias. Aunque ha perdido parte de su arsenal, todavía cuenta con misiles, drones y lanzaderas móviles que pueden amenazar a Israel y a sus vecinos, así como interrumpir la navegación en el estrecho de Ormuz. Este paso es crucial para el transporte de aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo por día, lo que representa una quinta parte del consumo mundial. La capacidad de Irán para bloquear esta vía de acceso es un factor que compensa la desventaja militar y que, además, está impulsando la inestabilidad en los precios de la energía.
El aumento en el precio del petróleo ha dejado de ser solo una preocupación futura y se ha convertido en una realidad que está afectando el mercado. El pasado lunes, el crudo Brent superó los 100 dólares por barril, alcanzando casi los 120. Ante esta situación, Trump afirmó que la guerra estaba cerca de su fin debido a que los objetivos militares estaban en una fase avanzada. Sin embargo, la incertidumbre volvió a surgir con noticias de agresiones en Ormuz, lo que llevó al barril a cerrar ligeramente por encima de los 103 dólares. La guerra puede persistir, pero el alza en los precios del crudo es insostenible, y la paz parece ser la única alternativa viable.



