La reciente evaluación del Fondo Monetario Internacional (FMI) ha puesto de manifiesto un aspecto crítico de la economía argentina. Según su último informe, el país enfrenta un déficit financiero del 0,8% del Producto Bruto Interno (PBI) si se incluyen los intereses generados por letras y bonos capitalizables. Estos instrumentos son esenciales para el Tesoro Nacional, ya que permiten retirar liquidez del mercado, aunque su tratamiento contable es motivo de debate. A menudo, estos intereses se contabilizan "abajo de la línea", es decir, no se reflejan como gasto en los resultados fiscales, lo que contribuye a la acumulación de nueva deuda.
La situación se torna más preocupante al observar los números de la Oficina del Presupuesto del Congreso (OPC), que revelan que el año pasado se capitalizaron intereses por un total de $75,8 billones. En el primer cuatrimestre de este año, ya se han sumado $17,3 billones en intereses. Este incremento en la capitalización de intereses, que se encuentra en un contexto de restricciones fiscales, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo económico actual y la capacidad del gobierno para manejar sus compromisos financieros sin recurrir a nuevas deudas.
Es interesante notar que, aunque las Letras Capitalizables (LECAP) y los Bonos Capitalizables (BONCAP) cumplen un rol similar al de las Letras de Liquidez (Leliq) emitidas por el Banco Central, existe una distinción fundamental. Mientras que las Leliq representan una emisión futura, las letras y bonos capitalizables se consideran como deuda futura, lo que, según algunos expertos, podría ser más saludable para la economía, ya que la carga recae en el Tesoro y no en el Banco Central.
El análisis realizado por el economista Roberto Cachanosky muestra que en 2024, se reportó un déficit financiero de $1,5 billones, pero los intereses capitalizados alcanzaron los $2,3 billones. Esto implica que, si se computaran correctamente los intereses, el verdadero déficit financiero sería de $3,9 billones. En 2025, aunque se reportó un resultado positivo de $1,5 billones, la realidad es que se generaron intereses por $75,8 billones, lo que sugiere que el resultado final debería considerarse negativo en $74,3 billones.
En el primer cuatrimestre de este año, la situación no es diferente. Si bien se informó un resultado financiero acumulado de $2 billones, los intereses capitalizados alcanzan los $17,3 billones, lo que realmente llevaría a un déficit de $15,3 billones. Esta discrepancia en la presentación de los datos fiscales pone de relieve la falta de transparencia en la gestión de la deuda pública y las estrategias utilizadas para ocultar la verdadera magnitud del gasto.
Cachanosky también señala que el Banco Central ha transferido al Tesoro una parte de la deuda que mantenía con los bancos, lo que ha permitido disimular el déficit cuasifiscal. Al no contabilizar los intereses de la deuda que asume el Tesoro, la Secretaría de Hacienda logra presentar un panorama fiscal más optimista, pero este enfoque puede resultar insostenible a largo plazo. Además, el economista advierte que, al incluir los intereses como gasto público futuro, se revela que la mayoría de los meses no se ha logrado un superávit financiero, lo que simplemente retrasa el gasto para el futuro.
Por su parte, el analista financiero Christian Buteler destaca que el uso de letras y bonos capitalizables tiene como fin presentar un resultado fiscal sin déficit, lo que alimenta el relato oficial. Esta estrategia podría ser vista como una maniobra para ocultar la verdadera situación económica del país, lo que, a su vez, genera inquietudes sobre la capacidad del gobierno para manejar la crisis fiscal sin afectar a los sectores más vulnerables de la sociedad. La falta de inversión en áreas críticas como el mantenimiento de rutas, PAMI, salarios de fuerzas de seguridad y jubilaciones resalta la necesidad de un enfoque más responsable y transparente en la gestión de las finanzas públicas.



