En un giro significativo, el dólar minorista ha experimentado un repunte tras alcanzar su mínimo anual de $1.390 la semana pasada. Durante el cierre de la jornada del viernes y el inicio de esta semana, la divisa se posicionó en $1.420, mientras que el dólar mayorista se acercó a los $1.400. Este cambio en la tendencia se vio impulsado por la intervención del Banco Central, que realizó una compra de USD 208 millones, lo que representa el segundo monto más alto registrado en el año. Esta operación ha sido fundamental para revitalizar la actividad cambiaria y generar expectativas en el mercado.
Uno de los factores que han influido en este repunte es la caída notable de las tasas de interés. Actualmente, las entidades financieras ofrecen tasas que oscilan entre el 21% y el 23% anual para plazos fijos, cifras que se encuentran por debajo de las proyecciones de inflación para el presente año. Esta situación ha llevado a los inversores a reconsiderar sus estrategias, ya que los rendimientos en pesos son menos atractivos, incrementando el interés en activos en dólares como una forma de cobertura ante la incertidumbre económica.
Por otro lado, según el último informe cambiario del Banco Central, la demanda de dólares por parte del público sigue siendo alta, a pesar de que la cotización de la divisa mostró una tendencia a la baja en el arranque de 2026. En concreto, durante el mes de febrero, las compras de dólares alcanzaron los USD 2.368 millones. Este fenómeno contrasta con el fuerte aumento de los depósitos en moneda extranjera, lo que sugiere una persistente preferencia por la dolarización entre los ahorristas argentinos.
Este fenómeno de atesoramiento en dólares es indicativo de un comportamiento que se mantiene, incluso en momentos de aparente estabilidad económica. Un porcentaje significativo de estos dólares adquiridos permanece dentro del sistema financiero, lo cual incrementa la capacidad de los bancos para otorgar préstamos en moneda dura. Esta situación presenta un panorama dual: mientras la demanda de dólares se eleva, también se observa un aumento en la liquidez del sistema financiero, lo que podría tener repercusiones en las políticas monetarias futuras.
Gustavo Araujo, Head of Research de Criteria, ha compartido su perspectiva sobre cómo podría reaccionar el dólar ante la política monetaria más laxa que se implementará a partir del 1 de abril. Araujo argumenta que la relajación de la política monetaria probablemente resultará en una reducción de la tasa real y un aumento en la circulación de pesos. Históricamente, estos cambios suelen traducirse en un incremento de la demanda de cobertura en dólares. Sin embargo, también advierte que el comportamiento del tipo de cambio dependerá en gran medida de la evolución de la demanda de pesos en la economía.
La incertidumbre se cierne sobre la estrategia de inversión en pesos, conocida como carry trade, que ha sido considerada como una alternativa de riesgo. Con los rendimientos en pesos disminuyendo y el dólar recuperando terreno, los inversores se preguntan si esta estrategia seguirá siendo rentable en el corto plazo. A pesar de las dificultades, la posibilidad de un repunte del dólar a partir de niveles bajos no puede descartarse, aunque la magnitud de dicho movimiento sigue siendo incierta.
Por otro lado, el inminente inicio de la cosecha de soja se presenta como un factor que podría ofrecer una mayor estabilidad en la oferta de dólares en los próximos meses. Este hecho sugiere que la amenaza de una crisis cambiaria es cada vez menos probable. No obstante, el dato más preocupante sigue siendo la creciente tendencia hacia la dolarización entre las familias, que han aprovechado la falta de restricciones cambiarias. Los aproximadamente USD 5.000 millones adquiridos en los primeros dos meses del año constituyen un llamado de atención relevante para el análisis de la situación económica y la posible liberalización del mercado cambiario.



