El mercado cambiario argentino se reactivó después del fin de semana largo, y el dólar oficial, aunque experimentó un retroceso en la última jornada del miércoles, continúa operando por encima de los $1.500. Esta situación marca el final de una racha de tres semanas de incrementos en su cotización, aunque la tendencia de fondo sigue siendo de un leve deslizamiento hacia los máximos históricos que se observan desde finales de junio. La caída de $4,50 en el segmento mayorista, equivalente a un 0,3%, llevó el precio de la moneda estadounidense a $1.488 para la venta, después de haber alcanzado un récord nominal de $1.492 en la sesión anterior.
En el contexto actual, el dólar se encuentra a tan solo $328,64 del límite superior de la banda cambiaria, establecido en $1.816,64. Este margen del 22,1% es el más amplio registrado en las últimas once jornadas, lo que sugiere que, a pesar de las fluctuaciones, los operadores del mercado mantienen una vigilancia constante sobre la situación cambiaria. La cercanía del dólar mayorista al umbral de los $1.500 se ha convertido en un punto de referencia psicológica que influye en las decisiones de compra y venta entre los actores del mercado.
Gustavo Ber, economista del Estudio Ber, analizó que el comportamiento del dólar mayorista cerca de los $1.490 sugiere que, aunque puede parecer un nivel crítico, se podría superar sin mayores complicaciones. Ber destacó que el proceso de deslizamiento del tipo de cambio debería alinearse con el ritmo inflacionario del país. Este equilibrio es crucial para que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) pueda continuar comprando divisas, aunque sea a un ritmo más lento, en un contexto donde la oferta de dólares es estacionalmente menor.
En el mercado de futuros, los contratos para el año 2026 mostraron descensos de hasta un 0,3%. Por ejemplo, el contrato con vencimiento a fines de julio se ubicó en $1.498,50, mientras que las proyecciones para diciembre apuntan a un tipo de cambio mayorista cercano a $1.645. Este panorama refleja las expectativas de los inversores sobre la evolución del tipo de cambio en el futuro inmediato, que parece estar marcado por la incertidumbre.
Desde la consultora MM Investments se subrayó que las mismas dinámicas que impulsaron el movimiento en junio seguirán siendo determinantes en la segunda mitad del año. Sin embargo, aún queda abierta la pregunta sobre cuántos dólares del sector agropecuario aún no han sido liquidadas y si estas ventas se realizarán en los próximos meses. También existe incertidumbre sobre si se reabrirá el acceso a la deuda en moneda extranjera para empresas y provincias, luego de la pausa observada en junio.
En cuanto a la demanda, se estima que la finalización del efecto aguinaldo aliviará presiones, aunque se advierte que la búsqueda de cobertura ante un contexto electoral podría compensar esta descompresión. En este complejo escenario, el Banco Central enfrenta el desafío de equilibrar la acumulación de reservas, evitar presiones excesivas sobre las tasas de interés y mantener el tipo de cambio como un ancla dentro de su programa económico. La capacidad de la entidad para gestionar estos elementos será clave para mantener la estabilidad en el mercado cambiario.



