El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) ha revelado que el Producto Bruto Interno (PBI) de Argentina creció un 4,4% en 2025, en línea con lo que había anticipado el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). Sin embargo, a pesar de esta expansión, el país experimentó su segunda desaceleración trimestral consecutiva, lo que ha generado inquietudes sobre la sostenibilidad de este crecimiento y su impacto en el mercado laboral, especialmente en un contexto de heterogeneidad sectorial.

Este incremento en el PBI no solo representa una recuperación respecto a las caídas de los dos años anteriores, sino que también marca un máximo histórico desde que se inició la serie en 2004. Según las estimaciones, el valor en dólares del PBI alcanzó alrededor de 680.663 millones de dólares. Sin embargo, al considerar el crecimiento de la población, el PBI per cápita se encuentra un 9% por debajo del nivel máximo alcanzado en 2011, según el análisis de Juan Manuel Telechea, director de la consultora T+1.

Uno de los factores que impulsó este crecimiento fue el consumo privado, que registró un notable aumento del 7,9% y representó el 74,4% del PBI. Este nivel supera el promedio de años anteriores y refleja una recuperación en la confianza del consumidor. A continuación, la inversión también mostró un avance del 16,4%, aunque este resultado es inferior al de años previos como 2023, 2022, 2017 y 2011, lo que plantea interrogantes sobre su potencial de crecimiento sostenido.

Las exportaciones, por su parte, contribuyeron significativamente al crecimiento, con un aumento del 7,6%. Sin embargo, el gasto público apenas mostró una variación positiva del 0,2%. Esto sugiere que, a pesar de ciertos avances, el rol del Estado en la economía sigue siendo limitado y podría no ser suficiente para sostener un crecimiento robusto en el futuro.

Desde el punto de vista de la oferta, la intermediación financiera fue la principal responsable del crecimiento, con un incremento del 24,7%. Le siguieron el comercio, que creció un 3,6%, y el sector agropecuario, que también mostró un alza del 6,2%. Asimismo, se registraron aumentos en actividades inmobiliarias y en la industria del petróleo y minería, aunque estos sectores no han logrado compensar las pérdidas en la industria y la construcción, que sufrieron caídas del 5% y 2,2% interanuales, respectivamente.

El último trimestre de 2025 mostró un PBI que fue un 2,1% superior al mismo período del año anterior, lo que representa una desaceleración en el crecimiento interanual. Además, la serie desestacionalizada indicó una leve mejora del 0,6% frente al tercer trimestre, mientras que la serie tendencia-ciclo mostró una variación nula, lo que podría señalar un posible estancamiento en la economía. La situación es preocupante, ya que la heterogeneidad sectorial está generando dudas sobre la viabilidad del modelo de crecimiento actual, que no está logrando generar nuevos empleos a pesar de los incrementos en ciertos sectores. Esta falta de creación de empleo se ha visto acentuada por la destrucción de puestos de trabajo en la industria y la construcción, afectadas por las políticas de Javier Milei, que no han sido compensadas por los sectores más dinámicos, como la intermediación financiera y el sector energético, que están atravesando reconversiones estructurales que también afectan el empleo.