La morosidad en los hogares argentinos ha alcanzado un umbral alarmante, superando por primera vez el 10% en la historia de los registros. Esta situación se ha vuelto especialmente crítica en el ámbito de los préstamos personales y las tarjetas de crédito, donde las familias enfrentan dificultades crecientes en un contexto marcado por tasas de interés inestables y salarios que no logran superar la inflación. Estas cifras, confirmadas por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), reflejan un panorama económico complicado que afecta a millones de ciudadanos.
De acuerdo con los datos publicados este viernes por el BCRA, el ratio de morosidad en créditos se elevó a un preocupante 10,6% en enero, un notable incremento respecto al 2,5% registrado en noviembre de 2024. Este aumento es significativo y evidencia la presión que enfrentan las familias ante el contexto económico adverso, donde los costos de vida aumentan constantemente y las opciones de financiamiento se vuelven cada vez más onerosas. La situación se agrava con el incremento de la morosidad en préstamos personales, que pasó del 12% al 13,2% en el mismo período, lo que indica que más personas están incumpliendo con sus obligaciones financieras.
La tasa nominal anual (TNA) promedio para los préstamos personales al inicio de este año se situó en el 68,4%, una cifra que, aunque inferior al 77% del segundo semestre de 2025, sigue superando ampliamente las expectativas inflacionarias para el futuro cercano. Este escenario plantea un dilema para las familias que buscan financiamiento, ya que, a pesar de que el costo del crédito podría haber disminuido levemente, sigue siendo insostenible en relación con los ingresos que perciben. La situación es similar en el uso de tarjetas de crédito, donde la morosidad creció del 9,3% al 11%, reflejando el creciente desasosiego de los consumidores.
Los créditos con garantía prendaria también han visto un aumento en su morosidad, que pasó del 5,8% al 6,3%, lo que indica un deterioro generalizado en la capacidad de pago de los deudores. Sin embargo, en el sector de créditos hipotecarios, la morosidad se mantuvo relativamente estable, creciendo de un 1,2% a un 1,3%, lo que sugiere que, aunque la situación es crítica, hay un sector de la economía que logra mantener cierta estabilidad. Este contraste entre diferentes tipos de crédito es un indicativo de cómo la crisis afecta de manera desigual a los distintos segmentos de la población.
Por otro lado, la morosidad en el sector empresarial también ha mostrado un aumento, aunque a un ritmo más moderado. Según el informe del BCRA, el ratio de irregularidad en créditos a empresas se situó en un 2,8% a principios de este año. Un análisis realizado por la consultora Analytica subraya que esta baja morosidad se debe, en gran medida, a que el financiamiento se concentra en grandes corporaciones, que cuentan con mejores condiciones de crédito y más recursos para cumplir con sus obligaciones. Sin embargo, la situación es más delicada para las pequeñas y medianas empresas (pymes), que enfrentan un panorama de heterogeneidad y riesgo.
Un estudio de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia revela que, al considerar la cantidad de empresas en lugar de los montos, se observa que el 12,5% de las firmas tienen atrasos mayores a 90 días en sus pagos. Esto significa que una de cada ocho empresas está en una situación financiera comprometida, lo que podría tener repercusiones en la economía en general. Los sectores más afectados incluyen hoteles y restaurantes (17,2%), pesca (12,7%) y la industria textil y del calzado (12,6%), donde la morosidad ha aumentado, incluso en áreas que habían mostrado crecimiento, como la agricultura y la minería.
Para revertir esta tendencia negativa, será fundamental que los ingresos y las ventas se recuperen, lo que permitirá aliviar la carga de las deudas. Los análisis indican que, aunque el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) es un factor positivo, no es suficiente por sí solo para mejorar el ratio de morosidad; también es necesario que las fuentes de demanda se fortalezcan. La situación es compleja y requiere un enfoque integral que contemple tanto el alivio de las deudas como el impulso a la actividad económica, especialmente en un contexto donde las entidades no financieras presentan tasas de incumplimiento mucho más altas que los bancos, alcanzando hasta un 27%. El camino hacia la recuperación será largo y exigirá esfuerzos coordinados de todos los actores económicos.



