La reciente disminución del consumo masivo ha mostrado una desaceleración en mayo, con una caída interanual del 1,6%, según datos de la consultora Scentia. Este leve alivio se produce en un contexto de moderación inflacionaria, lo que ha permitido que la dinámica bajista se suavice en comparación con meses anteriores. Sin embargo, al observar el panorama acumulado de los primeros cinco meses de 2026, se constata un descenso del 3% en relación al mismo período del año anterior, lo que pone de manifiesto la fragilidad del consumo en el país.

Un análisis detallado de los distintos canales de venta revela una disparidad notable en el rendimiento. El comercio electrónico, un sector que hasta hace poco era considerado marginal, ha logrado un crecimiento interanual del 29,9%, evidenciando un cambio en las preferencias de los consumidores hacia plataformas digitales. En contraposición, los supermercados de cadena han experimentado una disminución del 4,2%, mientras que los autoservicios independientes, los mayoristas y el canal tradicional (kioscos y almacenes) han visto caídas de 1,3%, 1,6% y 0,8% respectivamente. Esta disparidad sugiere que, mientras algunos sectores se adaptan y crecen, otros siguen enfrentando importantes desafíos.

Otro segmento que ha mostrado un leve crecimiento es el de farmacias, que registró un aumento del 2,3% interanual. Sin embargo, este incremento no es suficiente para compensar las caídas de otros canales que abastecen el consumo diario de la población. Además, al comparar los niveles de consumo actuales con los de noviembre de 2023, se observa que en mayo se alcanzó apenas el 84,8% de esos niveles, lo que indica que el sector aún opera significativamente por debajo de lo que era habitual antes de la crisis de demanda que se vivió durante el gobierno de Javier Milei.

El contexto económico sigue siendo complicado, y a pesar de que la inflación parece estar cediendo y algunos indicadores económicos muestran signos de estabilidad, la recuperación del poder adquisitivo de la población no se ha traducido en un aumento general del consumo. Según el último informe de salarios del INDEC, aunque en abril se registró una mejora en los ingresos, estos todavía se encuentran más de un 2% por debajo de los niveles del año pasado, tanto en el sector público como en el privado. Esto resalta la pérdida de poder adquisitivo que enfrentan los hogares argentinos, dificultando su capacidad para consumir.

Un dato preocupante surge de la reciente Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC, donde los empresarios del sector de supermercados y autoservicios mayoristas han señalado la falta de demanda como el principal obstáculo para el crecimiento de sus negocios. Solo un 6,6% de las empresas considera que su situación comercial es buena, mientras que un 33% la califica de mala. Esta percepción refleja la incertidumbre que persiste en el mercado y las dificultades que enfrentan los comerciantes para captar la atención de los consumidores.

Por último, otros indicadores privados, como el Índice de Consumo Privado de la Universidad de Palermo, también han mostrado un descenso interanual del 2,2% en mayo, acumulando una baja del 1,8% en lo que va del año. Esta tendencia señala que el gasto de los hogares sigue siendo débil, lo que contribuye a un escenario de recuperación fragmentada en el consumo masivo. Si bien algunos sectores relacionados con la digitalización y ciertos rubros específicos están logrando crecer, la mayoría de los canales tradicionales continúa operando a niveles inferiores a los de años anteriores, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de la recuperación en el corto plazo.