El Banco Central de la República Argentina (BCRA) realizó la compra de 70 millones de dólares el pasado miércoles 24 de junio, una acción que, aunque parece favorable en un primer análisis, no logró prevenir un significativo descenso en las reservas internacionales del país. A pesar de que esta adquisición incrementó el saldo de compras de la entidad durante el mes a 1.246 millones de dólares, el stock bruto de reservas sufrió una caída de 532 millones, situándose en 46.937 millones de dólares. Esta baja marca la reducción más severa en casi dos meses, dejando a las reservas por debajo de la barrera simbólica de los 47.000 millones de dólares.
El impacto negativo en las reservas se debe principalmente a la revalorización de activos, donde el oro experimentó una disminución del 3,6%, lo que habría restado aproximadamente 260 millones de dólares al balance contable del BCRA. Además, las fluctuaciones en las principales monedas que forman parte de la canasta del Derecho Especial de Giro (DEG), como el euro y la libra, junto con la depreciación del yuan frente al dólar, también contribuyeron a esta caída. Este contexto resalta una preocupación creciente: a pesar de que el BCRA continúa comprando divisas, la efectividad en la acumulación de reservas se manifiesta como un proceso frágil y volátil.
En términos de compras netas, el BCRA ha acumulado 10.993 millones de dólares en lo que va del año, superando la meta anual fijada en 10.000 millones de dólares. Sin embargo, los movimientos de pagos, la revalorización de activos y las operaciones del Tesoro han impedido que el stock bruto de reservas refleje de manera lineal este saldo positivo. Esta situación genera incertidumbre en el mercado, que observa con atención cómo el BCRA intenta equilibrar la compra de dólares con la estabilidad de las reservas.
En el ámbito cambiario, el dólar mayorista mostró un incremento del 0,51%, cerrando en 1.479 pesos para la venta. Esta cotización se aproxima al límite superior de la banda de flotación, aunque se mantiene un margen del 16,30% con respecto a ese techo, que se sitúa en 1.742,24 pesos. Esta dinámica en el mercado oficial contrasta con la presión que se observa en los dólares financieros, donde el contado con liquidación registró un fuerte aumento del 3,8%, alcanzando un cierre de 1.613 pesos, mientras que el dólar MEP se mantuvo relativamente estable en 1.506,91 pesos.
En el mercado informal, conocido como el blue, se produjo un aumento del 1,66%, llevando su cotización a 1.530 pesos. Esta situación ha generado que la brecha entre el dólar blue y el mayorista se establezca en 3,45%, un indicador que refleja la tensión existente entre los distintos segmentos del mercado cambiario. Los futuros también reflejaron esta presión, con incrementos generalizados en las tasas, siendo junio el mes que más avanzó, con un aumento del 0,58%.
Por otro lado, las tasas en pesos también experimentaron un ajuste, con la Tasa de Interés de las Letras de Liquidez (TAMAR) subiendo de 22,38% a 22,50%, y la BADLAR registrando un salto de 20,88% a 21,69%. Este aumento en los rendimientos se vuelve crucial para mantener la atracción de las inversiones en pesos, especialmente ante un dólar que ha mostrado signos de aceleración en sus últimos movimientos.
Finalmente, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) anticipa un dólar mayorista de 1.422 pesos para junio, 1.447 para julio y 1.476 para agosto, lo que indica que el dólar ya ha superado estas proyecciones a corto plazo. Para diciembre, el consenso prevé una cotización de 1.658 pesos. En este contexto, desde Portfolio Personal Inversiones (PPI) apuntaron que la presión sobre el tipo de cambio ha reactivado la demanda de coberturas, un fenómeno que podría intensificarse en las próximas semanas, dada la incertidumbre que persiste en el entorno económico nacional.



