El 65,6% de las personas jóvenes sostiene que el costo de la vivienda lo obligó a postergar decisiones personales relevantes, como emanciparse o formar una familia. El dato surge de la primera edición del Índice EAE de esfuerzo inmobiliario, elaborado por EAE Business School a partir de un análisis sobre la situación residencial de quienes tienen entre 25 y 45 años.
El informe también advierte sobre el impacto emocional de la crisis habitacional. Dos de cada tres encuestados afirman que el precio de la vivienda afecta negativamente su bienestar, una percepción que se acentúa entre las personas que viven en alquiler. En paralelo, el acceso a la propiedad aparece cada vez más postergado entre los grupos de menor edad.
Entre quienes tienen entre 25 y 34 años, el 38,5% cuenta con una vivienda propia, mientras que la proporción asciende al 62,2% entre las personas de 35 a 45 años. El alquiler, en tanto, representa el 41,4% de las modalidades residenciales entre los menores de 35 años y se consolida como una de las principales vías de emancipación.
La posibilidad de comprar una vivienda también aparece estrechamente vinculada con el respaldo familiar. El 75,3% de los encuestados considera que, sin esa ayuda, adquirir una propiedad resulta prácticamente imposible. Además, el 71,6% identifica a la herencia como una de las pocas vías reales para acceder a una vivienda propia.
Esta dependencia es señalada como un factor que profundiza la brecha generacional: el 85,1% de los participantes considera que la vivienda se transformó en una fuente de desigualdad entre generaciones. Incluso entre quienes ya tienen una propiedad persiste la percepción de que el mercado se volvió menos accesible, ya que el 66% de las personas hipotecadas afirma que, si hoy tuviera que comprar la vivienda en la que reside, enfrentaría mayores dificultades.



