El 16 de junio marcó un nuevo cierre en las operaciones de cambio en Panamá, donde el dólar estadounidense se cotizó a 1 balboa, lo que representa un aumento del 2,22% en relación con el cierre anterior de 0,98. Este incremento es parte de una tendencia más amplia, ya que en la última semana el dólar ha avanzado un 2,18%, mientras que la variación interanual se sostiene en un aumento del 2,24%. Estos datos sugieren un comportamiento sostenido del tipo de cambio, lo cual es relevante para los sectores económicos que dependen de la estabilidad en el mercado de divisas.

La tendencia positiva del tipo de cambio del dólar a balboa se ha manifestado en un entorno de alta volatilidad, que en este momento se sitúa en el 24,18%. Este nivel es considerablemente más alto que la volatilidad de referencia de 19,36%, lo que indica que el mercado de divisas enfrenta un panorama de inestabilidad. Esta situación puede ser un reflejo de varios factores, tanto internos como externos, que están influyendo en la economía panameña y, por ende, en su moneda.

Panamá, por su parte, proyecta un crecimiento del PIB cercano al 4% para el año 2026, impulsado por sectores clave como la logística, la banca, el turismo y la construcción, además de la actividad relacionada con el Canal de Panamá. Esta proyección es alentadora, especialmente considerando el papel estratégico que desempeña el país como un centro global de servicios, respaldado por su economía dolarizada que ha demostrado ser un pilar de estabilidad en contraste con otras economías de la región.

El uso del dólar estadounidense como moneda oficial ha permitido a Panamá evitar el riesgo cambiario, proporcionando una capa de protección ante los riesgos inflacionarios que afectan a otros países de América Latina. Se espera que, en 2026, el balboa mantenga su paridad histórica de 1:1 con el dólar, lo que refuerza la confianza en la estabilidad económica del país y su capacidad para manejar crisis externas.

El contexto internacional también presenta signos de mejoría, con una reducción en la volatilidad del comercio global y condiciones de financiamiento más favorables. Esto es crucial para Panamá, que ha enfrentado choques recientes como sequías y la suspensión temporal de operaciones en su mina de cobre. Según un informe de UBS, estas condiciones externas están comenzando a estabilizarse, lo que podría beneficiar a la economía panameña en los próximos años.

Los bonos panameños en dólares también han mostrado un rendimiento notable, superando el 24% en 2025, lo que los coloca por encima de otros activos emergentes. Para el año 2026, aunque se prevé un panorama más equilibrado, el país continúa ofreciendo atractivos diferenciales de rendimiento en comparación con los bonos estadounidenses. Sin embargo, persisten riesgos relacionados con la situación fiscal y la política interna, así como la posibilidad de eventos adversos en la economía global que podrían impactar la demanda de servicios y los flujos de capital.

Además, el riesgo de un deterioro fiscal y un aumento de la deuda pública que amenace el grado de inversión es una preocupación constante. A esto se suman los desafíos políticos y de gobernabilidad que Panamá enfrenta, así como el desenlace de litigios y acuerdos contractuales que son críticos para el futuro económico del país. En este contexto, la economía panameña se encuentra en una encrucijada, donde la estabilidad actual deberá ser cuidadosamente gestionada para asegurar un crecimiento sostenido en los próximos años.