Durante más de cuarenta años, Mauro Sergio se consolidó como un referente en la industria textil argentina, especialmente en la producción de sweaters y prendas de punto. Originaria de Mar del Plata, la marca se destacó por su modelo de producción integral que abarcaba desde la hilandería hasta la confección. Sin embargo, en la actualidad, esta emblemática firma enfrenta una de las crisis más severas de su historia, marcada por una deuda que asciende a $5.200 millones y la presentación de un concurso preventivo que ha dejado a la compañía en una situación extremadamente delicada.
El 26 de marzo, Textilana, la empresa matriz de Mauro Sergio, solicitó la apertura de un concurso preventivo ante la Justicia. Este movimiento no solo refleja las dificultades financieras de la compañía, sino que también expone la vulnerabilidad de la familia Todisco, que ha controlado la firma desde su fundación. En un giro inesperado, el 10 de junio, el Juzgado Civil y Comercial N°15 de Mar del Plata decidió abrir concursos preventivos para Rosana Laura Todisco y Sergio Esteban Todisco, los actuales accionistas y herederos del fundador. La decisión judicial fue motivada por la conexión entre las obligaciones de la empresa y las garantías personales brindadas por la familia, lo que complica aún más la situación financiera de la marca.
Los números hablan por sí mismos: el informe financiero de Textilana revela que, en el ejercicio cerrado el 30 de septiembre de 2025, la empresa registró ventas por $13.956 millones, una caída del 20% en comparación con el año anterior. Este descenso es alarmante, especialmente en un contexto de alta inflación que afecta el poder adquisitivo de los consumidores. La disminución no solo se refleja en los ingresos, sino también en las cantidades de productos comercializados, que sufrieron una caída del 3,1% en 2024 y un drástico 22,4% en 2025. En solo dos años, la compañía ha visto cómo su volumen de negocios se reducía en casi un 25%, lo que ha generado un impacto devastador en sus resultados financieros.
El ejercicio anterior había cerrado con una ganancia de aproximadamente $223 millones, pero el último balance reveló pérdidas cercanas a los $650 millones. La utilidad bruta se desplomó de $5.353 millones a $3.821 millones, mientras que los gastos financieros se dispararon debido al creciente endeudamiento. En su memoria anual, Textilana atribuyó esta crisis a factores como la caída del consumo interno, el aumento de costos, la pérdida de poder adquisitivo de la población y la feroz competencia que representan los productos importados. Estos elementos han creado una tormenta perfecta que ha llevado a la empresa a una situación crítica.
La disminución en la demanda ha traído consigo otra señal preocupante: el aumento en la acumulación de stock. Los bienes de cambio pasaron de $14.417 millones a $15.827 millones, lo que indica un exceso de mercadería almacenada y una menor rotación de productos en el mercado. Esto no solo afecta la liquidez de la empresa, sino que también refleja una desconexión entre la oferta y la demanda en un mercado cada vez más competitivo. La necesidad de ajustar la producción se ha vuelto inminente.
Ante este panorama desolador, Textilana se ha visto obligada a implementar un esquema de suspensiones laborales que ha impactado a 175 trabajadores entre noviembre de 2025 y marzo de este año. Este recorte en la actividad industrial subraya la gravedad de la situación y plantea interrogantes sobre el futuro de la empresa y su capacidad para recuperarse. A medida que avanza el proceso concursal, queda por ver cómo se desarrollará la estrategia de reestructuración y si habrá una salida viable para una de las marcas más emblemáticas de la industria textil argentina. En este contexto, el futuro de Mauro Sergio parece más incierto que nunca, dejando en suspenso la posibilidad de una recuperación en un mercado que se encuentra en constante transformación.



