En el último año, el saldo de créditos hipotecarios destinados a familias en Argentina experimentó un notable crecimiento, pero desde noviembre del año pasado esta tendencia comenzó a mostrar signos de desaceleración. A pesar de los esfuerzos del Gobierno por estimular el financiamiento privado mediante la reducción de las tasas de interés, esta estrategia aún no ha generado los resultados esperados en el mercado inmobiliario. La situación actual plantea interrogantes sobre la efectividad de estas medidas y sobre el futuro del acceso a la vivienda en el país.

Entre octubre de 2024 y octubre de 2025, el promedio mensual de créditos hipotecarios creció un 3,7% al descontar el impacto de la inflación. Sin embargo, en los últimos meses esa cifra se ha desplomado, alcanzando solo un 0,9% en febrero de este año. El Banco Central (BCRA) también reportó un incremento marginal del 0,7% en los préstamos otorgados al sector privado no financiero en abril, lo que indica que la tendencia de desaceleración se mantiene, a pesar del contexto de tasas más bajas.

Un análisis más detallado revela que en abril se desembolsaron apenas 122 millones de dólares en créditos hipotecarios, una cifra que dista considerablemente de los 280 millones de dólares registrados en el mismo mes del año anterior. Este monto también representa una caída significativa del 80% en comparación con abril de 2018, constituyendo el nivel más bajo desde octubre de 2024. Esta situación sugiere que los esfuerzos por reactivar el mercado todavía no han dado frutos, lo que podría estar relacionado con las expectativas de los potenciales compradores.

Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, señala que el repunte de la inflación en los últimos meses ha provocado una disminución en la demanda de créditos. La incertidumbre respecto a posibles aumentos en las cuotas y el costo de los préstamos, medido en dólares, contribuyen a que muchas familias se sientan reacias a asumir nuevos compromisos financieros. Esto se agrava con el hecho de que los salarios no han crecido al mismo ritmo que la inflación, lo que limita aún más la capacidad de las familias para acceder a créditos hipotecarios.

Los datos recientes de la Secretaría de Trabajo confirman esta realidad, mostrando una nueva caída real de los ingresos en marzo. Los salarios se han estancado en niveles históricamente bajos, lo que genera una mayor presión sobre los hogares y hace que la compra de vivienda se convierta en un objetivo cada vez más distante. La combinación de alta inflación y bajos salarios parece eclipsar el efecto positivo de las tasas de interés reducidas, que en teoría deberían facilitar el acceso a créditos.

A pesar de que el Banco Nación se mantiene como el principal oferente de préstamos hipotecarios, con una tasa nominal anual (TNA) de 6%, otros bancos han comenzado a ajustar sus tasas a la baja. En los últimos meses, entidades como ICBC, BBVA, Credicoop y Macro han reducido significativamente sus tasas, aunque la participación de estos bancos en el mercado aún es menor. El BBVA, por ejemplo, ha comenzado a incrementar su cuota de mercado, alcanzando un 15% de los créditos otorgados en abril, aunque aún se encuentra lejos del dominio del Banco Nación, que retiene aproximadamente el 80%.

La dinámica del mercado hipotecario argentino es compleja y está marcada por factores económicos interrelacionados que afectan tanto a los prestatarios como a los bancos. Mientras la incertidumbre económica persista y las condiciones laborales no mejoren, es probable que la recuperación del sector de créditos hipotecarios siga siendo un desafío. La situación actual invita a repensar las políticas de financiamiento y abordar las necesidades reales de las familias, para que el sueño de la vivienda propia no se convierta en una utopía inalcanzable.