El Banco Central de Cuba (BCC) ha presentado este martes una medida significativa que implica la introducción de dos nuevas denominaciones de billetes: 2.000 y 5.000 pesos cubanos. Esta circulación comenzará de manera gradual desde La Habana hacia el resto del país a partir del 1 de abril. En un contexto donde el peso cubano ha alcanzado un mínimo histórico, con un cambio informal que lo sitúa en 515 unidades por dólar, estas nuevas denominaciones resultan simbólicas, ya que el billete de 5.000 pesos, el más alto en la historia monetaria de la isla, apenas cubre el salario mensual promedio de un trabajador estatal.

Esta decisión del BCC no es más que una formalización del deterioro económico que ha estado presente en el país durante años. Hasta el momento, el billete de mayor valor era el de 1.000 pesos, que en el actual contexto monetario representa menos de dos dólares en el mercado informal. Para los cubanos, la situación se ha vuelto insostenible, siendo común ver a las personas cargar fajos de billetes para cubrir gastos básicos como la compra de aceite, el transporte o medicamentos en el mercado negro. La entidad monetaria justificó esta emisión como un paso hacia la simplificación de las transacciones en efectivo y para ganar eficiencia operativa, aunque muchos cuestionan la efectividad de tal medida ante la crisis vigente.

El núcleo del problema económico de Cuba es bien conocido y se remonta a la implementación de la Tarea Ordenamiento, una reforma monetaria llevada a cabo en enero de 2021 que buscaba eliminar la dualidad cambiaria. Sin embargo, esta reforma desató una ola inflacionaria que el gobierno no ha podido controlar. A finales de ese año, el índice de precios al consumo se disparó al 77%, y aunque se reportó un descenso oficial del 14,07% en 2025, muchos economistas, como Pavel Vidal, sugieren que la inflación real, medida a través de los precios del mercado informal, se sitúa en torno al 70% interanual. Desde 2021, la cotización del dólar en el mercado informal ha pasado de 24 a 515 pesos cubanos, lo que evidencia la magnitud del desajuste económico.

El diagnóstico del cuadro macroeconómico es alarmante. Según el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), un organismo oficial vinculado a la Universidad de La Habana, se estimó que el Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo un 5% en 2025, marcando tres años consecutivos de retroceso y una caída acumulada que supera el 15% desde 2020. La crisis energética, que afecta a todos los sectores, es uno de los principales motores de esta recesión, con una generación eléctrica que ha disminuido un 13,7% interanual debido al deterioro de las termoeléctricas construidas durante la era soviética. El presidente Miguel Díaz-Canel ha admitido una caída del 4% en los primeros tres trimestres de este año, aunque sin proporcionar cifras oficiales completas, lo que deja a la población en una incertidumbre constante.

En un intento por modernizar la imagen de su moneda, los nuevos billetes incorporan, por primera vez, la representación de figuras femeninas en la numismática cubana. El billete de 2.000 pesos presenta el retrato de Mariana Grajales Cuello, una patriota mulata nacida en Santiago de Cuba en 1815, quien jugó un papel crucial en las guerras de independencia del siglo XIX. Por su parte, el billete de 5.000 pesos muestra a Celia Sánchez Manduley, una guerrillera de la Sierra Maestra y colaboradora de Fidel Castro tras el triunfo de la Revolución en 1959. Ambas denominaciones cuentan con tecnología moderna de seguridad, incluyendo hilo de seguridad y marcas de agua, lo que refleja un esfuerzo por modernizar el sistema monetario en medio de la crisis.

La reacción de la ciudadanía en redes sociales no se hizo esperar. Muchos cubanos expresaron su descontento y frustración, comentando irónicamente sobre cómo sus salarios apenas alcanzan para ser representados en un solo billete. "Mi salario en un billete", comentaron decenas de usuarios, reflejando la desesperanza generalizada ante una situación económica que parece no tener solución a corto plazo. En un país donde la economía informal se ha convertido en la norma, estas nuevas medidas podrían ser vistas como un intento más del gobierno por lidiar con una crisis que ha ido en aumento, sin que por el momento se vislumbre un horizonte de mejora.