La situación energética en Cuba se torna cada vez más crítica, ya que se prevé que este viernes, en el horario de mayor demanda, alrededor del 54% del país se verá afectado por cortes de electricidad simultáneos. Según datos de la Unión Eléctrica (UNE), la capacidad de generación para la tarde-noche se estima en 1.510 megavatios (MW), mientras que la demanda máxima alcanzará los 3.200 MW. Esta diferencia resultará en un déficit de 1.690 MW, lo que obligará a desconectar 1.720 MW para evitar desbordes en el suministro eléctrico.

La crisis ha llegado a un punto crítico, ya que en los últimos días, muchos cubanos han experimentado más horas sin electricidad que con suministro. En particular, la capital, La Habana, ha padecido cortes de hasta 14 horas continuas, mientras que en otras regiones del país, la situación es aún más alarmante, con apagones que superan las 20 horas diarias. Este panorama sombrío se agrava por un contexto de crisis económica que afecta a la nación desde mediados de 2024, exacerbada por las sanciones petroleras impuestas por Estados Unidos desde enero de este año.

La situación energética de Cuba es el resultado de una combinación de factores estructurales y coyunturales. Por un lado, el sistema energético cubano es obsoleto y necesita una modernización urgente. Por otro lado, el bloqueo petrolero ha limitado severamente la capacidad de la isla para acceder a combustibles necesarios para la generación de energía. Las restricciones impuestas por Washington han afectado la economía cubana de manera significativa, lo que ha llevado a una paralización casi total de distintas actividades productivas.

En el día de hoy, siete de las dieciséis unidades de generación termoeléctrica que operan en el país no están disponibles debido a fallas técnicas o trabajos de mantenimiento. Estas unidades son responsables de aproximadamente el 40% de la capacidad energética de la isla y dependen del petróleo nacional. Sin embargo, los problemas que enfrentan no son directamente atribuibles a las sanciones estadounidenses, lo que indica que la crisis energética tiene raíces más profundas en la estructura del sistema.

En cuanto a las otras fuentes de energía, otro 40% proviene de motores de generación que requieren diésel y fueloil importado, y estas también están inoperativas desde la aplicación del bloqueo. El restante 20% del mix energético cubano proviene de gas y fuentes renovables, con un notable impulso hacia la energía solar respaldado por inversiones chinas. Sin embargo, la dependencia de fuentes importadas y la falta de mantenimiento a las infraestructuras existentes siguen siendo grandes obstáculos.

Análisis independientes sugieren que Cuba necesitaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para rehabilitar su sistema eléctrico y hacer frente a la crisis actual. Mientras tanto, los apagones continúan afectando la vida diaria de millones de cubanos, y la incertidumbre sobre el futuro energético del país se mantiene latente. La comunidad internacional observa con atención esta crisis, que no solo afecta el bienestar de los ciudadanos cubanos, sino que también plantea interrogantes sobre la viabilidad del sistema económico bajo las actuales restricciones.

En resumen, la crisis eléctrica en Cuba es un reflejo de problemas estructurales profundos y presiones externas que han llevado al país a una situación insostenible. La necesidad de reformas, inversiones y un enfoque renovado hacia la sostenibilidad energética es más urgente que nunca, ya que la población enfrenta un futuro incierto en medio de apagones y una economía en crisis.