Bioceres S.A., la empresa argentina que solicitó su propia quiebra, se encuentra en una situación de confrontación interna que ha escalado en las últimas semanas. La actual dirección, respaldada por el principal accionista Juan Sartori, emitió un comunicado donde explica que la decisión de entrar en concurso no fue una estrategia, sino una medida indispensable para abordar las dificultades financieras que enfrenta la compañía. Esta resolución ha generado un fuerte enfrentamiento con los fundadores y exdirectivos, quienes critican la gestión actual y sostienen que la crisis se debe a decisiones tomadas en el pasado.

En el informe, se señala que los estados financieros hasta el 30 de junio de 2025 reflejan pérdidas cercanas a $157.000 millones y un patrimonio neto negativo de aproximadamente $156.500 millones. Además, el auditor externo Price Waterhouse Coopers expresó incertidumbre sobre la viabilidad operativa de la empresa, lo que ha llevado a la actual administración a considerar el concurso como un paso necesario en medio de la crisis.

El conflicto interno se centra también en la reciente asamblea donde se cuestionó la gestión del ex CEO, Federico Trucco, y del exdirector Manuel Sobrado. Las decisiones tomadas en esa reunión, que incluyeron la evaluación de una acción social de responsabilidad, han desencadenado la solicitud de quiebra, alterando así el panorama de negociaciones con los acreedores y trasladando la disputa a un ámbito judicial. La situación pone de manifiesto la tensión creciente entre los diferentes actores del grupo Bioceres y la lucha por el control de sus activos estratégicos.