El sector cervecero en Argentina se encuentra en una etapa de profunda crisis, evidenciada por una dramática disminución en el consumo que alcanzó el 35% en los últimos dos años. Este descenso en la demanda, unido al aumento de costos operativos y a cambios significativos en los hábitos de consumo, ha generado un efecto dominó que impacta a toda la cadena de producción y comercialización, desde pequeños bares artesanales hasta grandes industrias. La situación se agrava conforme el panorama económico se torna cada vez más incierto, lo que pone en riesgo la sostenibilidad de numerosos emprendimientos en el rubro.
La crisis no es un fenómeno aislado, ya que se ha traducido en el cierre de numerosos locales que, hasta hace poco, eran referentes del auge de la cerveza artesanal en el país. Durante el año 2025, se registraron varios cierres emblemáticos, destacando el caso de Buena Birra Social Club en Colegiales, que cerró sus puertas después de casi 15 años de operación. Otro local emblemático, Cervelar, también dejó de funcionar en Belgrano, lo que pone de manifiesto la gravedad de la situación en un sector que parecía estar en constante expansión.
Además de estos cierres, se han reportado recientes bajas de franquicias de la conocida marca Antares en ciudades como La Plata y Mar del Plata. En la capital bonaerense, la franquicia cerró su local en la calle 56, mientras que en la ciudad costera se despidió de su cliente tradicional en el histórico punto de Bernardo de Irigoyen. Estos cierres, que se producen incluso en áreas de alto poder adquisitivo, reflejan una tendencia común: la caída del consumo, el aumento de los costos fijos y un modelo de negocio que se muestra cada vez más insostenible ante la presión económica.
Leonardo Ferrari, uno de los socios fundadores de Antares, aclaró que los cierres no son necesariamente un reflejo de la crisis interna de la empresa, sino más bien una respuesta a una transformación en el panorama económico del sector. “Es una evolución natural. Muchos de estos locales no renovaron sus alquileres, ya que los propietarios optaron por destinar los espacios a otros usos”, explicó Ferrari. Esta situación destaca la fragilidad del mercado, donde los cambios en el entorno pueden causar efectos devastadores en los negocios.
A pesar de la adversidad, hay cierta esperanza sobre la posibilidad de que el consumo de cervezas pueda repuntar en algún momento. Sin embargo, el futuro inmediato se presenta incierto y lleno de desafíos. Ferrari subrayó que se trata de locales franquiciados, lo que añade una capa de complejidad al modelo de expansión de la marca, sugiriendo que aunque estos espacios sean importantes, hay planes para su reemplazo en el futuro cercano.
El contexto económico ha cambiado drásticamente, y elementos como los alquileres, salarios y costos de servicios han aumentado considerablemente, afectando los márgenes de ganancia. Esta presión se traduce en una disminución del gasto en gastronomía, lo que se manifiesta en una menor frecuencia de salidas y en un ticket promedio más bajo. Los operadores del sector se ven obligados a reestructurar sus negocios y a replantear sus formatos para poder mantenerse a flote en un mercado cada vez más desafiante.
Por otro lado, la naturaleza de los productos también está sufriendo un cambio. Las cervezas de menor costo y producción más sencilla están ganando protagonismo frente a estilos más complejos, como una estrategia para mantener el volumen de ventas sin comprometer aún más los márgenes de ganancia. A este desafío se le suma un problema estructural: las empresas operan en pesos, pero enfrentan costos de producción que están dolarizados, lo que complica aún más la sostenibilidad del negocio en este contexto de crisis.


