La situación económica en el noreste argentino, especialmente en las provincias de Chaco, Misiones y Entre Ríos, se ha tornado alarmante. La crisis que atraviesan estas regiones se manifiesta en el cierre de comercios, despidos masivos y una notable disminución en los ingresos de las familias. Estos indicadores sugieren un deterioro estructural del tejido empresarial pyme, con un marcado descenso en la actividad que amenaza la subsistencia de miles de trabajadores y emprendedores locales.
Recientemente, la Federación Económica de Chaco (Fechaco) divulgó su primer Índice Pyme de Actividad Económica (IPAE), una herramienta que busca ofrecer un panorama claro sobre la evolución del sector en una economía que depende en gran medida del ciclo agropecuario, así como del comercio minorista y la industria forestal. Este índice revela cifras preocupantes: en mayo de 2026, la actividad de las pymes en Chaco se contrajo un 6,2% respecto al mismo mes del año anterior, acumulando una caída del 7,3% en los primeros cinco meses del año.
Los datos desglosados reflejan un panorama desolador. De los seis rubros analizados, cinco mostraron caídas interanuales que oscilan entre el 3,1% y el 14,6%. El único sector que se salvó de la debacle fue el despacho de combustibles, que experimentó un aumento del 9,8%. Sin embargo, este crecimiento se atribuye exclusivamente a la exitosa campaña agrícola, que incrementó la demanda de gasoil, y no a una reactivación del consumo interno, que sigue estancado.
En este contexto, los operadores del sector han enfatizado que alrededor del 65% del aumento en la facturación se debe a los incrementos de precios y a impuestos, dejando en evidencia que no hay un aumento real en el volumen de ventas. Entre los sectores más afectados se encuentran los Servicios Personales y Profesionales, con una caída del 14,6% interanual, así como la Industria Manufacturera, que vio su actividad descender un 11%, y el rubro de Alimentos y Bebidas, con una disminución del 7,6%.
Los empresarios que han sido consultados sobre la situación actual del mercado coinciden en que los consumidores han cambiado drásticamente sus hábitos de compra. Estos tienden a reducir las cantidades adquiridas, reemplazar productos por alternativas más económicas y priorizar únicamente lo esencial. Además, se ha observado un aumento en el uso de financiamiento con tarjeta de crédito para compras que anteriormente se realizaban en efectivo. Las ventas se concentran en torno a los días de pago de salarios y jubilaciones, mientras que el resto del mes se observa una caída abrupta en las transacciones comerciales.
La industria manufacturera se enfrenta a una situación crítica, con costos que no son sostenibles debido a los insumos dolarizados, un tipo de cambio controlado y una presión fiscal que no cede. A esta compleja realidad se sumó, en mayo, el impacto de los amparos ambientales relacionados con la Ley de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN), que ha afectado gravemente las actividades forestales y agroindustriales en varias localidades del interior de la provincia.
El clima de negocios ha reflejado esta tensión, ya que el 47,4% de las empresas encuestadas afirmó que su situación económica ha empeorado en comparación con el año anterior. A pesar de que el 53,1% tiene expectativas de mejora en un plazo de doce meses, esta confianza no se traduce en decisiones de inversión concretas, con un 35,1% de los empresarios considerando que este no es un buen momento para destinar recursos a nuevas inversiones. La falta de confianza y el deterioro de las condiciones económicas continúan siendo un obstáculo para la reactivación del sector pyme en la región.



