La elaboración de pastas caseras es una actividad que transforma cualquier almuerzo en un momento especial. Los farfalle, también conocidos como moñitos, aportan un toque distintivo que hace que hasta las comidas más simples se conviertan en ocasiones memorables. La experiencia de trabajar la masa, realizar cortes precisos y observar cómo cada pieza cobra vida crea una conexión con la tradición culinaria argentina, evocando recuerdos de la infancia.

En el contexto argentino, los farfalle son una opción ideal para diversificar el menú semanal, dado que son fáciles de preparar y resultan agradables para todos los paladares. Su forma lúdica los convierte en un clásico en las reuniones familiares, fiestas de niños y encuentros espontáneos, haciendo que sean bienvenidos en cualquier mesa.

Estos moñitos se pueden disfrutar acompañados de salsas ligeras, manteca y queso, o con un toque de aceite de oliva y hierbas frescas. Son perfectos para quienes desean iniciarse en el mundo de la pasta casera, ya que no requieren de maquinaria ni técnicas complicadas. La receta básica consiste en una masa de harina y huevo, que se corta en rectángulos y se pliega manualmente para dar forma a los farfalle. Con una cocción adecuada, esta pasta no solo resulta firme y con buena textura, sino que también se adapta a diversas salsas, desde un tuco sencillo hasta combinaciones más elaboradas.

La receta rinde aproximadamente cuatro porciones generosas. Es importante tener en cuenta que los valores nutricionales pueden variar según los ingredientes y las cantidades utilizadas. Además, la masa sin cocer, correctamente envuelta en film, se puede conservar en la heladera hasta por dos días. Por otro lado, los farfalle formados se pueden congelar crudos en una bandeja y luego almacenarse en bolsas herméticas, donde pueden durar hasta un mes. Una vez cocidos, se pueden guardar en la heladera en un recipiente hermético durante tres días.