La reciente escalada del conflicto armado en Medio Oriente ha tenido repercusiones significativas en la economía argentina, particularmente en el sector de los combustibles. En marzo, el precio de la nafta súper en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) experimentó un incremento del 21%, lo que ha llevado a una notable disminución del poder adquisitivo de los trabajadores del sector privado formal. Este fenómeno, que se traduce en una caída del 17% en la capacidad de compra en solo un mes, ha sido analizado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) y refleja una tendencia alarmante que afecta a la economía cotidiana de los argentinos.
El informe del Iaraf destaca que, desde el inicio de las tensiones internacionales, el precio de la nafta ha aumentado un 27% en total, lo que ha generado un efecto directo en los hogares, especialmente en aquellos que dependen de sus vehículos para trabajar. Este aumento no solo impacta en el costo de llenado de los tanques, sino que también intensifica la brecha entre los ingresos estancados y la inflación persistente, dejando a muchos trabajadores en una situación económica precaria. A medida que los precios de los combustibles suben, la capacidad de compra de los salarios se ve seriamente comprometida, obligando a los ciudadanos a reconsiderar sus gastos diarios.
El análisis sugiere que el conflicto en Irán ha sido un factor determinante en el incremento de los precios del combustible. En términos comparativos, el litro de nafta, que en febrero de 2026 costaba aproximadamente 1.657 pesos, ha alcanzado un nuevo umbral de 2.000 pesos, evidenciando el impacto inmediato de las crisis internacionales sobre el mercado local. Esta situación plantea un reto considerable para los consumidores, quienes deben lidiar con un contexto inflacionario que no da tregua.
A lo largo de los meses previos a la crisis, el poder adquisitivo de los trabajadores se había mantenido relativamente estable, pero el estallido de la guerra ha cambiado drásticamente esta realidad. Según el Iaraf, la capacidad de compra del salario registrado se ha reducido en un 17% en marzo, y comparando esta cifra con noviembre de 2023, la disminución acumulada asciende al 48%. Estos datos reflejan una pérdida de poder adquisitivo que afecta a un amplio espectro de la población, generando preocupación entre los economistas y responsables de políticas públicas.
El informe también menciona tres factores que han contribuido a esta caída del poder de compra: el aumento real del precio de la nafta antes de la guerra, el shock externo generado por el conflicto y la falta de ajuste en los ingresos durante este periodo. La combinación de estos elementos ha llevado a una contracción acelerada del poder adquisitivo, especialmente notable entre febrero y marzo de 2026. Esta tendencia aclara la necesidad urgente de abordar la situación desde un enfoque integral que contemple medidas tanto a corto como a largo plazo.
Como posible solución, el economista Nadin Argañaraz, director del Iaraf, sugiere una reducción del impuesto fijo a los combustibles, la cual podría permitir que el precio de la nafta regrese a niveles más sostenibles. Sin embargo, esta propuesta conlleva un dilema significativo para el Gobierno, ya que implicaría una merma del 3,3% en los ingresos fiscales nacionales, lo que afectaría a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Este escenario plantea un desafío crítico para los responsables de la política económica argentina, quienes deben encontrar un equilibrio entre la necesidad de apoyo a los consumidores y la responsabilidad fiscal.
En resumen, el aumento de los precios de la nafta, impulsado por la guerra en Irán y otros factores, ha generado una preocupación creciente sobre el poder adquisitivo de los trabajadores en Argentina. Las medidas que se tomen en respuesta a esta crisis serán fundamentales para determinar el rumbo económico del país en los meses venideros, y es crucial que se aborden con seriedad y urgencia para minimizar el impacto en la población.



