La reciente caída en la Tasa Mayorista de Argentina (TAMAR), que se refiere a los plazos fijos superiores a los $1.000 millones, ha generado un revuelo en el ámbito financiero. El pasado jueves, esta tasa se desplomó 219 puntos básicos, alcanzando una Tasa Nominal Anual (TNA) del 23,44%, el nivel más bajo desde que se inició la serie en octubre de 2024. Este fenómeno se produjo tras una modificación implementada por la Comisión Nacional de Valores (CNV), que permitió a los Fondos Comunes de Inversión (FCI) del tipo Money Market aumentar su participación en plazos fijos tradicionales del 50% al 60% de su cartera. Esta medida, que busca brindar mayor flexibilidad a los fondos, también incide en la curva de bonos en pesos, lo que podría tener consecuencias significativas en el acceso al crédito.

La reacción del mercado fue inmediata, y los bonos de tasa variable mostraron una cierta estabilización tras la ligera corrección del jueves. Sin embargo, el futuro de la TAMAR es incierto y dependerá de cómo se acomoden los niveles en las próximas semanas, así como de su repercusión en las curvas soberanas en moneda local. Es importante destacar que la tasa de plazos fijos mayoristas ha alcanzado su mínimo en términos nominales desde mayo de 2020, un periodo marcado por la pandemia, cuando las tasas de referencia eran la BADLAR y TM20. Este contexto plantea interrogantes sobre la dirección que tomará la política monetaria del país en los próximos meses.

Eric Paniagua, economista y socio de PX Capital, analizó la situación en una entrevista, sugiriendo que la disminución de la TAMAR es resultado de los cambios en los Money Market promovidos por la CNV, lo que ha generado un aumento de la liquidez en el sistema y, a su vez, disminuido la presión para mantener tasas elevadas. Para Paniagua, esta baja podría interpretarse como un intento del Banco Central (BCRA) por reactivar la economía, facilitando el acceso al financiamiento tanto para empresas como para familias, lo que a su vez podría estimular el consumo y la inversión.

Por su parte, Leonardo Anzalone, director de CEPEC, también considera que la compresión de la TAMAR tras la intervención de la CNV presenta una interpretación clara: mejora la liquidez en pesos y reduce el costo de financiamiento del sistema. Sin embargo, Anzalone advierte que esta medida puede ser vista como una forma indirecta de relajar las condiciones financieras sin modificar explícitamente la política monetaria. Esta estrategia podría ofrecer un pequeño respiro al crédito y a la actividad económica, aunque su impacto se percibe más bien en términos marginales.

Es relevante recordar que en 2025 se produjo un cambio hacia un sistema de agregados monetarios, alejándose de la política de tasa de referencia. Esta modificación tenía como objetivo controlar la cantidad de dinero en circulación, permitiendo que la tasa se definiera en el mercado. Sin embargo, esta propuesta no se ha implementado de manera efectiva, lo que ha llevado a un contexto de alta volatilidad en las tasas, especialmente durante los periodos electorales.

A medida que el Gobierno se dirige hacia una remonetización en 2026 mediante una mayor demanda genuina de pesos, se enfrenta a desafíos significativos. A nivel estratégico, el objetivo del Gobierno parece ser reducir el costo del dinero en pesos y ordenar la curva de tasas, buscando que los fondos no se concentren únicamente en instrumentos de corto plazo, sino que se dirijan hacia bonos o financiamiento del Tesoro. Esta estrategia no es casual y refleja un esfuerzo por estabilizar la economía en un contexto de incertidumbre y volatilidad financiera.