La reciente disminución en la demanda de pesos ha generado preocupación en el ámbito económico argentino, alcanzando cifras que no se veían desde la finalización de la convertibilidad. Este fenómeno se origina no por un aumento en la liquidez, sino por un notable exceso de oferta monetaria, según análisis realizados en el corazón financiero del país. Los expertos identifican tres factores clave que explican esta situación: la expansión del stock de Repo del Banco Central de la República Argentina (BCRA), las tasas de interés reales que se encuentran en terreno negativo para el corto plazo y un persistente aumento de la inflación.

El indicador M2 transaccional, que abarca tanto el dinero en circulación como los depósitos a la vista, reflejó una caída del 9% en términos reales y desestacionalizados desde mediados de diciembre, mientras que esa cifra se eleva a un 12,3% si se considera la estacionalidad habitual, que típicamente muestra un incremento en la demanda de dinero por la mayor circulación de efectivo durante las festividades y el verano. Este descenso es tan significativo que, según estimaciones de la consultora Facimex, en marzo, el M2 privado se ubicó en tan solo el 7,6% del Producto Bruto Interno (PBI), un registro que no se observaba desde la salida de la convertibilidad en 2001.

Los analistas de Facimex han señalado al menos cuatro factores determinantes que contribuyen a esta drástica caída en la demanda de dinero. En primer lugar, mencionan la estacionalidad, ya que la demanda de efectivo tiende a alcanzar su punto máximo hacia fines de año y luego inicia un descenso que se consolida hasta el segundo trimestre. En segundo lugar, la aceleración inflacionaria y el deterioro de las expectativas inflacionarias han elevado el costo de oportunidad de mantener pesos, lo que desincentiva a los consumidores y empresas a conservar dinero en esta moneda.

El tercer factor mencionado se relaciona con la desaceleración del crecimiento del crédito al consumo y la caída del salario real, lo que afecta directamente el poder adquisitivo de la población. Por último, las tasas de interés reales bajas han desincentivado la inversión especulativa en pesos, contribuyendo así a la baja en su demanda. Esta combinación de elementos ha llevado a una situación financiera crítica que podría tener repercusiones en la economía más amplia del país.

Los especialistas advierten que abordar esta caída en la demanda de dinero es crucial para poder escalar el programa de compras de divisas sin comprometer el proceso de desinflación que se busca implementar. Según Facimex, una demanda de dinero que sigue disminuyendo limita la capacidad de absorber expansiones en la oferta monetaria, lo que podría generar presiones inflacionarias y cambiarias. Esto tiene dos implicaciones directas: la emisión por compras de divisas deberá ser esterilizada, lo que representa un desafío adicional para el BCRA y el Tesoro.

Recientemente, la última licitación del Tesoro de marzo sorprendió con un rollover del 139%, lo que se traduce en una contracción monetaria de 3,105 billones de pesos. No obstante, el excedente de pesos de los bancos, estimado a través del Repo entre ellos y el BCRA, se situó en 3,56 billones de pesos antes de esta liquidación, lo que sugiere que el recurso de absorción se ha visto prácticamente agotado. Sin embargo, en lugar de un agotamiento total, el stock de pesos cayó a un estimado de 1,74 billones, lo que implica una baja de 1,86 billones, muy por debajo de la absorción que se esperaba. Esta dinámica compleja plantea interrogantes sobre la estabilidad económica futura y la capacidad del país para gestionar su moneda en un entorno de alta inflación y baja demanda.