En marzo, la morosidad entre las familias argentinas alcanzó un nuevo récord, marcando un incremento significativo en comparación con los meses anteriores. Según un informe de 1816, basado en datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el índice de morosidad subió del 11,2% en febrero al 11,5% en marzo. Este aumento se produce en un contexto donde el costo del crédito continúa elevado, el financiamiento pierde impulso y el crecimiento económico se presenta de manera desigual, afectando a distintos sectores de la población.

El ministro de Economía, Luis Caputo, atribuyó este aumento en la morosidad a una falta de preparación por parte de los bancos y al sobreendeudamiento de los ciudadanos, quienes optaron por créditos a altas tasas de interés bajo la premisa errónea de que la inflación amortiguaría sus deudas. Esta afirmación resuena con las palabras de Santiago Bausili, presidente del BCRA, quien destacó que la primera fase de créditos se otorgó sin la debida previsión, lo que se complicó con el aumento abrupto de las tasas de interés que se experimentó el año pasado.

El panorama se torna más preocupante al observar que la morosidad familiar ha estado en ascenso constante durante los últimos 17 meses. Actualmente, el porcentaje de morosidad se multiplica por cinco en relación con el 2,5% registrado en octubre de 2022. Ante esta alarmante situación, Caputo reveló que el Gobierno ha mantenido diálogos con las entidades bancarias para tratar de ofrecer soluciones a los deudores. “Hemos solicitado a los bancos que consideren extender plazos y aplicar tasas más accesibles. Algunos han comenzado a implementar estas medidas, pero otros aún no lo han hecho, ya que dependen de decisiones privadas”, afirmó el Ministro.

El informe también resalta que la morosidad en los créditos empresariales ha aumentado del 2,9% al 3,1%, mientras que la irregularidad total en el crédito al sector privado pasó del 6,7% al 7%. A pesar de que el deterioro en la calidad del crédito se ha intensificado, se observa que este fenómeno convive con ciertos signos de crecimiento económico. Sin embargo, este crecimiento es desigual y no se traduce en mejoras generalizadas para la población en su conjunto.

A pesar de la reciente alza en la morosidad, el análisis de 1816 indica que el aumento registrado en marzo fue el menor en un año, con un incremento de apenas 0,3 puntos porcentuales en comparación con el mes anterior. Este dato sugiere la posibilidad de que el indicador de morosidad pueda estar alcanzando un techo durante el segundo trimestre del año. Además, la anticipación de una desaceleración en la inflación podría contribuir a este escenario, siempre y cuando se traduzca en una mejora real de los salarios, algo que aún está por verse.

En cuanto a la situación de los salarios, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) revelaron un aumento del 1,8% en los salarios registrados durante febrero, mientras que la inflación se situó en un 2,9% en el mismo período. Esta disparidad entre el incremento salarial y el aumento de precios sigue generando tensión en el poder adquisitivo de los ciudadanos, complicando aún más la capacidad de las familias para hacer frente a sus obligaciones crediticias. En este contexto, 24 de las 30 entidades más grandes en préstamos a familias, que concentran más del 96% del crédito, reportaron un aumento en la morosidad durante marzo, lo que evidencia la magnitud del desafío que enfrenta el sistema financiero argentino.