Cuando Lionel Scaloni tomó las riendas de la Selección argentina, una de sus primeras acciones fue establecer contacto directo con Lionel Messi. El mensaje que le transmitió fue contundente: el equipo se embarcaría en un proceso de renovación, pero la figura del capitán seguiría siendo fundamental en este nuevo capítulo. Esta promesa, según el biógrafo Diego Borinsky, marcó el inicio de una etapa transformadora tanto para el entrenador como para el equipo nacional.

En una reciente entrevista, Borinsky, quien es autor de la biografía oficial de Scaloni, analizó los momentos clave de un proceso que comenzó en medio de la incertidumbre y terminó consolidándose como uno de los ciclos más exitosos en la historia del fútbol argentino. Scaloni, al asumir, no solo enfrentó el desafío de reconstruir un equipo, sino que también tuvo que lidiar con las expectativas y las presiones que suelen acompañar a la Selección.

Una de las características más destacadas de Scaloni, según Borinsky, fue su capacidad para entender las necesidades de Messi, quien había atravesado años de frustraciones y decepciones en torneos internacionales. “Scaloni es el entrenador que más cercanía generacional ha tenido con Messi, incluso fueron compañeros en el campo de juego. Esto le permitió crear un ambiente donde el capitán pudiera sentirse seguro y rendir al máximo”, explicó el biógrafo.

La relación entre Messi y Scaloni se remonta a años atrás. Borinsky recordó un episodio significativo: el primer toque de balón de Messi con la selección mayor fue cortesía de Scaloni en un amistoso frente a Hungría en 2005. A pesar de que Messi fue expulsado tras 91 segundos en cancha, Scaloni fue el primero en salir a defenderlo, lo que ya evidenciaba la conexión que existía entre ambos. Esta complicidad se reforzó durante el Mundial de Alemania 2006, donde compartieron el vestuario como jugadores, cimentando una relación que sería crucial en el futuro.

Con el paso del tiempo y ya en el rol de entrenador, Scaloni utilizó esa confianza para construir un nuevo vínculo con el grupo. En una videollamada inicial, transmitió a Messi que comenzaba una nueva era y que su presencia sería clave en este proceso. “Scaloni cumplió con su palabra”, afirmó Borinsky, resaltando cómo esta comunicación fue primordial para integrar a Messi en el proyecto.

Uno de los logros más significativos de Scaloni fue la transformación cultural dentro del vestuario. Messi, quien en el pasado era visto casi como una figura inalcanzable, ahora se convertía en un integrante más del plantel. Borinsky utilizó una metáfora para ilustrar esta evolución: “Lo descolgaron del póster y lo pusieron en el portarretrato de la mesita de luz”. Este cambio de perspectiva permitió al grupo encontrar en la cercanía y la confianza una de sus armas más poderosas.

El contexto en el que Scaloni asumió el cargo contrastaba notablemente con el éxito que ha alcanzado desde entonces. Su nombramiento no fue unánime ni exento de críticas; en un comienzo, muchos cuestionaron su falta de experiencia y su capacidad para liderar a la Selección. “Scaloni fue traído inicialmente para dirigir el torneo de la Alcudia y trabajar con juveniles. Nadie imaginaba que terminaría frente a la Selección mayor”, recordó Borinsky, enfatizando las dudas que lo acompañaron durante sus primeros meses en el puesto. A pesar de las adversidades, la gestión de Scaloni ha demostrado ser una historia de superación y éxito en el fútbol argentino.