El domingo 16 de junio, en una jornada del Día del Padre marcada por el frío, la lluvia y el cielo nublado, Vélez y Boca protagonizaron uno de los partidos más recordados del fútbol argentino. El encuentro correspondía a la 13ª fecha del Clausura y enfrentaba a dos equipos con figuras de primer nivel, entrenadores destacados y la obligación de sumar para mantenerse en la pelea por la punta.

El estadio José Amalfitani estaba colmado de expectativa antes del comienzo. El murmullo de los espectadores anticipaba un partido especial, una sensación que se confirmó rápidamente dentro del campo de juego: el primer tiempo tuvo cuatro goles y dos expulsiones, en un desarrollo vertiginoso que mantuvo la atención hasta el final.

José Luis Chilavert, Diego Maradona y el árbitro Javier Castrilli fueron los principales protagonistas de una jornada que quedó asociada a sus nombres. Cada uno tuvo un papel central en un duelo intenso, disputado en un campeonato marcado por la paridad entre los equipos que buscaban el liderazgo.

Vélez y Gimnasia llegaban a esa fecha en la cima, con 25 puntos. Estudiantes los seguía con 24, mientras que Lanús y Boca tenían 23. La diferencia mínima entre los cinco conjuntos reflejaba el equilibrio de un torneo que se definiría recién en la última fecha. El Apertura 1995, además, había dejado una frustración para Boca, que parecía encaminado al título y había tenido como uno de sus grandes acontecimientos el regreso de Maradona al club.