La comunidad de la NBA se encuentra de luto tras el fallecimiento de Jason Collins, quien se destacó como el primer jugador en declararse homosexual en la historia de la liga. Collins perdió la vida a los 47 años, luego de una dura batalla contra un glioblastoma en etapa 4, enfermedad que lo llevó a la muerte tras ocho meses de tratamiento. Su familia confirmó la triste noticia a través de un comunicado emitido por la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA), en el que expresaron su profundo dolor y el impacto que tuvo en la vida de quienes lo conocieron.
"Con gran tristeza compartimos que Jason Collins, nuestro querido esposo, hijo, hermano y tío, ha fallecido después de una valiente lucha contra el glioblastoma. Él cambió vidas de maneras inesperadas y fue una fuente de inspiración para todos los que lo conocieron, así como para aquellos que lo admiraron desde la distancia", reza el comunicado familiar. Su legado se extiende más allá de la cancha, donde se ganó el respeto y la admiración de compañeros y aficionados por su valentía y autenticidad.
Los problemas de salud de Collins comenzaron a mediados de 2025, cuando empezó a experimentar dificultades con tareas cotidianas, lo que lo llevó a consultar a médicos. Un escáner en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) reveló la presencia de un tumor en el cráneo, lo que marcó el inicio de un complicado camino médico. Su esposo, Brunson Green, recordó con pesar cómo recibieron la devastadora noticia en la sala de urgencias: "En cuestión de minutos, nos informaron que tenía un bulto del tamaño de una pelota de béisbol en su cabeza".
A pesar del pronóstico sombrío y la imposibilidad de realizar una cirugía por los riesgos involucrados, Collins se mantuvo firme en su lucha. Los médicos estimaron que, sin tratamiento, su esperanza de vida era de entre seis semanas y tres meses, mientras que con el tratamiento convencional se esperaba un promedio de vida de 13 meses. Sin embargo, el glioblastoma mostró su agresividad, duplicando su tamaño en pocas semanas tras un ciclo de radioterapia.
Consciente de que el tiempo corría en su contra, Collins optó por alternativas experimentales y viajó a Singapur en busca de una terapia no aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos. En un tiempo récord de 48 horas, pudo acceder a un tratamiento basado en nanocélulas EDV, que funcionan como un sistema de entrega de quimioterapia, capaz de atravesar la barrera hematoencefálica. "La FDA tiene un proceso muy estricto que podría haber tomado semanas, pero yo no contaba con ese tiempo", explicó Collins en una entrevista anterior.
Jason Collins tuvo una carrera destacada en la NBA, que abarcó 13 temporadas, comenzando con su selección en el puesto 18 del draft de 2001. A lo largo de su trayectoria, jugó en equipos como los New Jersey Nets (actualmente Brooklyn Nets), Memphis Grizzlies, Minnesota Timberwolves, Atlanta Hawks, Boston Celtics y Washington Wizards, finalizando su carrera en 2014. Durante su tiempo en los Nets, alcanzó dos finales consecutivas de la NBA, en 2002 y 2003, formando parte de un equipo que contaba con la dirección de Jason Kidd. Su rol en la cancha fue el de un ala pivote, reconocido por su capacidad defensiva y liderazgo en el vestuario.
Fuera de la cancha, el nombre de Collins está intrínsecamente ligado a uno de los momentos más significativos en la historia del deporte profesional en Estados Unidos. En abril de 2013, hizo historia al convertirse en el primer atleta activo en grandes ligas estadounidenses en declararse homosexual, un acto que resonó enormemente en la lucha por la diversidad y la inclusión en el deporte. Su valentía al salir del armario abrió un camino para futuras generaciones de atletas, convirtiéndolo en un referente en la lucha por los derechos LGBTQ+. Su legado perdurará en la memoria colectiva, no solo por sus logros deportivos, sino por su contribución a la aceptación y el respeto en el ámbito deportivo.



