El 19 de noviembre de 2021, Junín vivió un acontecimiento singular que resonó en sus calles. Una caravana de vehículos recorrió el centro de la ciudad, donde los autos avanzaban lentamente, tocando bocinas, mientras banderas rojas y negras ondeaban desde las ventanillas. A pesar de que no se celebraba ninguna victoria deportiva, la comunidad se unió para dar la bienvenida a un nuevo club, La Favela, que emergió de las entrañas de un comedor infantil, marcando un nuevo capítulo en la historia del fútbol local.
La Favela, que había comenzado como un mero comedor barrial, se transformó en un equipo reconocido tras la aceptación de su incorporación a la Liga Deportiva del Oeste. Néstor Fabián “Lelo” Carballo, presidente del club, no pudo ocultar su emoción al recordar ese momento. “Fue algo fenomenal”, expresó. “Un orgullo, una felicidad inmensa”. Este evento no solo representó un triunfo deportivo, sino también un triunfo social para un barrio que había luchado por ser parte de la cultura futbolística argentina.
El camino hacia la incorporación a la liga no fue sencillo. A diferencia de otros clubes, La Favela tuvo que demostrar que contaba con los requisitos necesarios: personería jurídica, un número mínimo de socios y una estructura institucional sólida. En una votación reñida, once de los trece clubes existentes apoyaron la inclusión de La Favela, lo que significó una victoria simbólica para la comunidad. “Nosotros ya le ganamos a la vida creando un club sin nada”, reflexionó Carballo, subrayando la perseverancia y el esfuerzo colectivo que impulsaron esta iniciativa.
La historia de La Favela se remonta a los años 2000, cuando un grupo de amigos se reunía los fines de semana en el barrio El Triángulo, también conocido como San José, para jugar al fútbol. Aunque muchos de ellos eventualmente se mudaron y formaron sus propias familias, la nostalgia por el barrio los llevó a reunirse para jugar picados. “Había una nostalgia de hacer algo por el barrio”, recordó Carballo. Este deseo de mejorar la calidad de vida de los más jóvenes fue el motor que impulsó la creación del club.
La primera actividad organizada por el grupo fue la celebración del Día del Niño, alrededor de 2006 o 2007. Con escasos recursos, decidieron construir un salón comunitario. “Pedimos un préstamo de cien mil pesos y cada uno de nosotros pagaba mil por mes”, relató Carballo. Así, con esfuerzo y dedicación, lograron edificar un espacio que ahora se alquila para eventos, generando ingresos que ayudan a mantener el funcionamiento del club. “Siempre a precio bajo, porque sabemos la clase de gente que manejamos, todos laburadores”, añadió Carballo, evidenciando el compromiso social del club hacia su comunidad.
En sus primeros años, La Favela ofreció no solo un espacio para practicar deportes, sino también un lugar donde se brindaba comida y actividades recreativas. Durante dos décadas, los sábados eran dedicados a alimentar a los niños del barrio, y se organizaban tareas de apoyo escolar y recreativas dos veces por semana. El impacto positivo de estas iniciativas se reflejó en la vida de muchos chicos que encontraron en el club un refugio y una oportunidad para soñar con un futuro mejor. La Favela no solo se convirtió en un club de fútbol; es un símbolo de esperanza y un ejemplo de cómo el esfuerzo comunitario puede transformar realidades.



