Con la cuenta regresiva en marcha para el inicio de la Copa del Mundo 2026, el álbum de figuritas ha resurgido como un ritual que trasciende generaciones y reúne a personas de todas las edades en un intercambio cultural y social. Este fenómeno va más allá de simplemente coleccionar imágenes; se ha convertido en un símbolo de convivencia y comunidad, donde la nostalgia, la economía diaria y el ingenio se entrelazan en una experiencia colectiva única. En las calles de Buenos Aires, las plazas y los kioscos son testigos de una dinámica que revive la esencia del trueque y la interacción cara a cara, características que parecen perderse en la era digital.

La búsqueda de figuritas se ha transformado en una actividad social vibrante, donde padres e hijos se agrupan con listas de faltantes en mano, mientras los kiosqueros enfrentan la escasez de stock. Este fenómeno ha tomado forma en espacios emblemáticos de la ciudad, donde la gente se reúne no solo para intercambiar figuritas, sino también para compartir historias y experiencias relacionadas con el Mundial. Rafael Bitrán, un destacado especialista en la historia de las figuritas, ha resumido esta experiencia al afirmar que “la figurita es un elemento de sociabilidad”, resaltando así la importancia de este ritual que trasciende el mero coleccionismo.

Las plazas de Buenos Aires se han convertido en epicentros de esta búsqueda colectiva. Lugares como Parque Rivadavia, Parque Centenario y Plaza Lezama se llenan de coleccionistas que interactúan sin reglas ni moderadores, creando un ambiente artesanal donde las negociaciones y el intercambio son la norma. A través de charlas, exhibición de listas y el intercambio de repetidas, los asistentes construyen una comunidad que celebra la cultura del álbum. Este proceso, lleno de emoción y ansiedad, se vuelve aún más intenso a medida que los coleccionistas buscan completar sus álbumes, sabiendo que algunas figuritas son más deseadas que otras, especialmente las de estrellas como Lionel Messi.

El álbum de este Mundial 2026 presenta una novedad considerable, con 112 páginas y alrededor de 980 figuritas, resultado de la expansión a 48 selecciones. Esta ampliación ha elevado también los costos asociados a la colección, siendo el precio oficial de cada sobre de figuritas de $2.000, cifra que en el mercado informal puede llegar a multiplicarse hasta por siete. Las estimaciones sobre el gasto total para completar el álbum varían notablemente, desde los $300.000 iniciales hasta cifras que pueden alcanzar los $2.000.000, una inversión significativa que refleja la pasión por el fútbol y el coleccionismo.

Sin embargo, esta fiebre por las figuritas también ha desatado conflictos en el ámbito comercial. Los kiosqueros han denunciado la falta de stock y la entrega desigual de los productos, lo que ha generado tensiones con distribuidores y grandes supermercados. Ernesto Acuña, vicepresidente de UKRA, ha comentado sobre la situación del mercado, explicando que los distribuidores venden las figuritas a precios que dificultan la rentabilidad de los kiosqueros. Esta situación ha llevado a que muchos pequeños comercios se vean perjudicados, ante la escasez y la competencia desleal.

A medida que la Copa del Mundo se acerca, el fenómeno de las figuritas no muestra signos de desaceleración. Todo indica que este ritual de intercambio y coleccionismo continuará fortaleciéndose, creando lazos entre los aficionados y celebrando la pasión por el fútbol en un contexto donde las relaciones humanas parecen cobrar vida a través de un simple recorte de papel. En un mundo cada vez más digital, estas interacciones cara a cara ofrecen una oportunidad para revivir la esencia de la comunidad, uniendo a personas a través de una pasión compartida por el deporte más popular del planeta.